Energía: usos e impactos

Vivimos en un planeta que se encuentra bajo presión y en lo que diversas personas han denominado como un periodo de crisis ambiental. Escasez de agua, erosión de suelos, reducción de cultivos, aumento en temperaturas, ascenso del nivel del mar, emisiones de gas invernadero, calentamiento global y cambio climático, entre otras cuestiones, son algunos de los temas de los cuales es común escuchar a diario. Sin embargo, parecer ser que no ha quedado del todo claro quién o quiénes son los responsables.

A partir de la década de 1990, las emisiones de gases de efecto invernadero a causa de las actividades antropogénicas crecieron de manera exponencial (Roberto Sánchez, 2019). Es evidente que la mano humana ha estado y está presente en los fenómenos medioambientales. En esta edición de El Correo Fronterizo abordaremos, a través de algunos trabajos realizados por investigadoras e investigadores de El Colef, el tema de la energía, energías limpias y su impacto en la naturaleza.

¿QUÉ ES LA ENERGÍA?

La palabra energía tiene diferentes acepciones y definiciones. Una de ellas, en términos generales sería: capacidad que tiene la materia de producir trabajo en forma de movimiento, luz, calor, ahí podría enmarcarse la energía eléctrica, termodinámica, nuclear, entre otras. Por otro lado, la energía limpia es aquella que no genera residuos o impactos ambientales que afecten al entorno natural, se puede pensar en la energía eólica o hidráulica. Pero hay que precisar que el uso de cualquier tipo de energía genera un determinado impacto ambiental.

Si queremos reducir el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles, esto para mitigar exclusivamente los impactos del cambio climático, podríamos argumentar que el uranio es un combustible limpio. Por el contrario, si consideramos los residuos radiactivos que se generan en los procesos de producción de energía nuclear, debemos reconocer que no es una energía limpia (Rigoberto García, 2018). 

Aunado a lo anterior,  se suman las afectaciones por la construcción de infraestructura. En el caso de una planta hidroeléctrica, la construcción de presas para almacenar el agua afecta a la flora y fauna; además de poder llegar a generar problemas sociales debido al desplazamiento de las personas que vivían en la zona de embalse.

La relación entre energía, sociedad y medio ambiente es un tema complejo, porque es un tema que tiene que ver con la evolución de la sociedad. Todos los avances de la humanidad han tenido que ver con innovaciones tecnológicas relacionadas con energía o el descubrimiento de un nuevo combustible (Rigoberto García, 2019).

¿CUÁL ES EL PANORAMA DEL CONSUMO ENERGÉTICO EN MÉXICO?

Como se dijo, la energía tiene que ver mucho con los avances de una sociedad, y debe abordarse como parte fundamental del desarrollo económico y político, que impulsa las actividades productivas del país y propicia el beneficio y calidad de vida de las familias. 

De acuerdo al Balance Nacional de Energía 2017, los hidrocarburos aportaron el 84.54% a la producción de energía primaria, 11.3% menor respecto a lo observado en 2016. La producción de fuentes no fósiles de energía primaria aumentó su participación, pasando de 9.9% a 11.1% de 2016 a 2017. La producción de energía primaria disminuyó 8.9% respecto al año 2016 y totalizó 7,027.22 petajulio. La reducción de la producción de petróleo es el principal elemento que define el comportamiento de la producción de energía a nivel nacional. 

De acuerdo a Rigoberto García, entre los años 1971 y 2014, se encontró que las emisiones energéticas crecieron de 99.7 a 430.8 millones de toneladas de CO2, lo cual significó un incremento de 359.6%. Y la participación de energías renovables en el total de energía primaria era en 2014 aproximadamente la mitad de la que había en 1971.

El tema de las emisiones energéticas es un tema en boga, muchos países se han comprometido a reducirlas en beneficio del medio ambiente, entre ellos México. Sin embargo, si nuestro país redujera a cero sus emisiones (dióxido de carbono), sería mínimo el avance porque nuestro país emite, a nivel mundial, solo el 1.5%. Las plantas eléctricas de China emiten en 3 o 4 días lo que México en un año. De igual manera, un estadounidense promedio consume casi 6 veces más energía que un mexicano (Rigoberto García, 2019). 

¿CÓMO ESTÁ NUESTRA CASA?

En México, cada habitante en el territorio nacional consumió, en promedio, 74.89 Gigajoules durante todo el año (SENER, 2017), es en este sentido que el gobierno mexicano ha promovido la eficiencia energética residencial, en el marco de una sustentabilidad energética que favorezca el desarrollo y el bienestar pero sin afectar al medio ambiente.

Rigoberto García, Patricia Rivera y Alvaro Bracamontes realizaron el trabajo “Desigualdad social en torno al uso de tecnologías energéticamente eficientes en México. El caso de la política de normalización de refrigeradores”. 

Un refrigerador, dependiendo de sus pies cúbicos, tiene un consumo mensual de kilowatt-hora de 60 a 70, esto entra en la categoría de consumo medio. Sin embargo, un refrigerador antiguo, con más de 10 años de uso, alcanza un consumo de 120, lo que se categoriza como consumo alto. Esta información se vuelve relevante ya que el incremento de refrigeradores que registran los hogares mexicanos entre 2006 y 2016 aumentó en 27% al pasar de poco más de 22 millones a más de 28.

Uno de los hallazgos del trabajo mencionado, fue que cerca de 9 millones hogares en México, 27% del total nacional, forman parte de un condición socioeconómica baja, lo cual los coloca en un plano de desigualdad energética. No resulta tan sencillo cambiar los electrodomésticos a unos que sean eficientes en cuestión energética. Sin embargo, al mantener refrigeradores con varios años de uso, su consumo energético va a ser mayor y, por ende, su tarifa eléctrica también.

Ante estos escenarios, es necesario redoblar los esfuerzos gubernamentales y de la sociedad civil, para diseñar, implementar, medir  y retroalimentar la política de energía, para así ayudar a mejorar las dimensiones económicas, sociales y ambientales de las familias en México y con ello, aunque sea mínimo a nivel global, apoyar a que el mundo sea un lugar más habitable. 


REFERENCIAS: