Día Internacional de la Madre Tierra

El 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra con el objetivo de hacer conciencia entre las personas del planeta sobre los problemas que hay en el mundo para crear un equilibrio entre las necesidades económicas y sociales. En esta edición de El Correo Fronterizo hablamos con el Dr. Rigoberto García y las Dras. Gabriela Muñoz y Patricia Rivera quienes abordaron temas como energía, patrones de consumo, auditorias ambientales, cambio climático y sociedad.

La relación entre energía, sociedad y medio ambiente es un tema complejo, porque es un tema que tiene que ver con la evolución de la sociedad, “todos los avances de la humanidad han tenido que ver con innovaciones tecnológicas relacionadas con energía o el descubrimiento de un nuevo combustible”, señala el Dr. Rigoberto García, Profesor-Investigador del Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente y responsable de la sede de El Colef en Nogales.

El especialista explica que cualquier actividad implica un grado de afectación al medio ambiente. Actividades cotidianas como hablar por teléfono, una reunión, trasladarse en auto de un sitio a otro, usar la computadora, cocinar, entre otras, implican un consumo energético.  Lo anterior representa un problema porque en México solo el 8.5% de la matriz energética es renovable, el restante del consumo es derivado de combustibles fósiles que generan emisiones contaminantes a nivel local y global.

Ante este escenario, donde el desarrollo de las sociedades produce problemas ambientales ¿cómo podemos encontrar el punto medio? El Dr. García señala que México debe implementar una política energética de diversificación. “Normalmente el discurso parece ser excluyente, solo recursos fósiles o solo recursos naturales, pero debemos tomar en cuenta que una transición energética de esta envergadura toma décadas”.

Sin embargo, puntualiza en que el cambio climático es un problema a nivel global. “Si México redujera a cero sus emisiones (dióxido de carbono), sería mínimo el avance porque nuestro país emite, a nivel mundial, solo el 1.5%. Para ponerlo en perspectiva, las plantas eléctricas de China emiten en 3 o 4 días lo que México en un año. De igual manera, un estadounidense promedio consume casi 6 veces más energía que un mexicano”.

La Dra. Patricia Rivera, Profesora-Investigadora del Departamento de Estudios Económicos, fungió como directora de tesis de Martín Cahuantzi, la cual abordó el tema “Programa nacional de auditoría ambiental: Análisis a la certificación de industria limpia como instrumento de política ambiental en México”.

De este trabajo, la Dra. Rivera señala que la industria suele ver a las cuestiones de corte ambiental como un costo adicional,  “este instrumento no está dirigido para todas las empresas, no resulta efectivo para las pequeñas y medianas por sus altos costos”.

El trabajo de Martín señala que “los costos que implican certificarse como industria limpia pueden ser un factor muy variable, ya que deben tomarse en cuenta dos principales tipos de inversión: la primera, que es la contratación de los servicios de la unidad de verificación ambiental; y la inversión para cumplir aquello que derivado de la auditoría se detectó que no se cumple ambientalmente, entonces se deben realizar estudios, proyectos, obras, adquisición de equipo, instalaciones, entre otras”.

En este sentido, la Dra. Rivera comenta que es necesario buscar nuevos incentivos o herramientas para lograr que las pequeñas y medianas empresas incorporen las cuestiones ambientales dentro de sus sistemas y procesos, de alguna manera premiar a aquellas que se preocupan por reducir sus desechos. Una medida sería facilitar trámites que las empresas tienen que hacer con el gobierno, o generar alternativas para que las auditorías ambientales sean menos costosas y que ayuden en cuestiones de imagen y ventas.

Sin embargo, aunque existan mecanismos de análisis, leyes y tratados internacionales que buscan mitigar la contaminación en el medio ambiente y preservar el planeta, hay indicadores que muestran un panorama desalentador. Se especula que de continuar el deshielo de la Antártida y Groenlandia al mismo ritmo para final de siglo el nivel del mar habrá aumentado a un nivel que ciudades costeras habrán desaparecido.

Aumento en las olas de calor, tormentas más intensas, sequía, extinción de especies, destrucción de ecosistemas, inestabilidad económica e inclusive conflictos bélicos entre países por la obtención de recursos son algunos de los efectos que pueden llegar a suceder, o ya están sucediendo, ocasionado por la falta de cuidado al planeta.

El cambio climático depende de muchos factores, el resultado de esas interacciones no siempre es fácil de predecir, es probabilístico no determinista y ante la magnitud del problema surgen mentalidades fatalistas. Ante este escenario, la Dra. Gabriela Muñoz, Directora del Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente, comenta que es normal tomar esta postura, pero que ante esto debe surgir una de las mejores cualidades que tiene el ser humano: intentar.

“Si no lo intentamos vamos a fallar, pero si lo hacemos hay una posibilidad de lograr algo; debemos actuar; al mismo tiempo que estamos degradando al planeta, podemos crear algo que nos convierta en mejores personas. Debemos pensarlo en nuestra vida diaria, todo trae una huella de carbono, una huella hídrica, el esfuerzo de las manos que elaboran lo que consumimos ¿qué podemos hacer si está por todos lados? Pensar distinto y actuar en consecuencia”.

¿El consumismo me está haciendo realmente feliz? ¿necesito cambiar el celular cada año? ¿realmente comprar algo me da satisfacción y me da respuesta de mi quehacer en el mundo? ¿tirar basura o poner el vasito de unicel en las plantas del vecino y creerme simpático por eso me hace feliz? O ¿soy una persona egoísta que no está viendo que no estoy solo yo en el mundo? Son algunas de las preguntas que la Dra. Muñoz plantea para percatarnos de lo que sí es importante.

“Debemos regresar a lo básico, reconocer que hay otras conexiones que son mucho más importantes, no tenemos que ser Bach o Van Gogh para ser útiles al planeta, si cambiamos nuestros patrones de consumo vamos a reducir de forma natural la huella de carbono. La toma de conciencia trae consigo un cambio de actitud; empieza usted, luego yo, de pronto se suman más personas, ahí vamos a tener el cambio y lograremos algo importante”.