Juvenicidio

El Juvenicidio como el asesinato sistemático de jóvenes se inscribe en un escenario más amplio; latinoamericano pero también nacional, donde la principal causa de muerte de jóvenes es la violencia.

En los últimos 12 años se registraron 260 mil homicidios en México, gran parte de ellos jóvenes: que son víctimas y victimarios del escenario de Juvenicidio. Sin embargo, no solo tiene que ver con la muerte, sino sino con el despojo de las condiciones para la construcción de proyectos viables de vida lo cual implica amplios niveles de precarización social.

En esta edición de El Correo Fronterizo entrevistamos al Dr. José Manuel Valenzuela, Investigador del Departamento de Estudios Culturales de El Colegio de la Frontera Norte y Coordinador del Diplomado en línea Juvenicidio, quien nos habló sobre este tema, así como del actuar del gobierno y la identidad de los barrios.

El Correo Fronterizo: ¿Cómo se concibe o se articula el Juvenicido en la frontera norte de México? ¿Podría compartir algún ejemplo?

Dr. José Manuel Valenzuela: Después de 1971 con la guerra contra las drogas de Richard Nixon el tema del trasiego de distintas drogas marcó los escenarios de esta frontera. Lo anterior imprimió ciertas características que se fortalecieron de manera muy fuerte con la supuesta guerra  contra el crimen organizado, de Felipe Calderón. Este ámbito privilegiado para quienes se dedican al trasiego de drogas se convirtió en un campo de disputa entre los distintos grupos que querían controlar la frontera. Tijuana entró en una lógica de violencia muy alta.

En 2008-2010 las clases medias y altas particularmente, se vieron absolutamente involucradas en los escenarios de violencia; amenazados con el cobro de cuotas, secuestro, cateos domiciliarios, retenes policiales y militares.  Los jóvenes empezaron a transformar muchas de sus rutinas; los ámbitos públicos y la ciudad se volvieron peligrosos. Ese era el gran escenario de la violencia fronteriza Tijuanense.

Lo que hace particular a Tijuana es su condición fronteriza y que ha sido un espacio privilegiado en el trasiego de ciertos productos; un lugar deseado por quienes se dedican a este tipo de actividades y una ciudad en la cual la muerte artera se ha venido incrementando de manera muy amplia. Junto con la muerte se ha incrementado la saña en los asesinatos, y los jóvenes como actores importantes de estos escenarios de narcotráfico sufren de manera muy clara las consecuencias, y lo que vemos es la muerte prematura de muchos de ellos, dentro de ese marco de violencia que hemos estado viviendo .

El Correo Fronterizo: ¿Cómo percibe el cambio y las estrategias que se plantean en torno a los jóvenes, seguridad y pobreza?

Dr. José Manuel Valenzuela: El hecho de que se planteé un escenario distinto en el cual se busca atender este problema desde un tema fundamental de proyecto de país y de generación de marcos de desarrollo. Efectivamente los recursos tienen que destinarse a otros ámbitos (educación, salud, desarrollo, etc.). Y hay ejemplos que nos hablan de que esto puede funcionar. El ejemplo colombiano; el éxito de Medellín con Sergio Fajardo y Alonso Salazar, gente harta de la violencia que vivía, y  que ganó con un proyecto que apostaba educación, cultura y desarrollo. Ya es tiempo de poner fin a esta lógica prohibitiva y pensar escenarios distintos.

Dentro del programa de López Obrador se ha priorizado la atención a las y los jóvenes, y se plantea un marco no punitivo, construido desde lo que ellos han llamado la atención de las causas más que la condición represiva. Y eso en general me parece correcto. Habrá que hacer que esto realmente repercuta en un proyecto social que genere opciones para la construcción de proyectos de vida viable para las y los jóvenes; como única forma para cambiar las cosas.

Sin embargo hay que acompañar críticamente este tipo de propuestas; por ejemplo, yo no estoy de acuerdo en que los soldados estén en las calles. También  cierto que bajo el amparo mismo de gobiernos anteriores se dejaron crecer los marcos de corrupción de las instancias policiales. Personajes que tenían hasta 19 acusaciones de violación de derechos humanos parecían las figuras ejemplares a las que teníamos que recurrir en el combate contra la violencia.

Es un proyecto diferente, que tiene que acelerar los procesos de despenalización de las drogas; acelerar la generación de procesos de orden económico social para brindar opciones de proyectos viables de vida. Creo que desde ahí pueden cambiarse muchas cosas. Nuestro país cada año expulsaba medio millón de personas, que tenían que irse porque no encontraban aquí las condiciones para desarrollar proyectos viables de vida.

El Correo Fronterizo: El barrio más famoso de México es Tepito, a través de figuras simbólicas o personas ha formado una especie de resistencia social, en este sentido ¿De qué manera se construyen las resistencias sociales?

Dr. José Manuel Valenzuela: Hay muchas formas de resistencia social. En el caso particular de México, ha habido distintas manifestaciones de resistencia frente a lo que hemos estado viviendo. Así como distintas lógicas de acompañamiento; que tienen que ver con dispositivos desde orden social hasta la condición mágica, entendida como la participación de fuerzas supra naturales en la resolución de los conflictos de la vida cotidiana.  Como ejemplo, el caso de Juan Soldado. O el de Jesús Juárez Mazo conocido como ‘‘Malverde’’, un crisol de un conjunto que el historiador Eric Hobsbawm nombraba ‘‘bandidos sociales’’,  yo prefiero llamarles héroes populares; figuras de redención que emergen en contextos bucólicos de las sociedades rurales de la segunda mitad del siglo XVIIII, al estilo de Joaquín Murrieta, Chucho el roto, Gregorio Cortez, todas las figuras de redención para el pueblo.

El tema de Tepito es una historia muy particular, es un barrio con una gran tradición y orgullo de su cultura popular. Ahí surgieron manifestaciones muy claras de lo que se conoció como Tepito Arte Acá; un proyecto de recuperación positiva de la historia y la cultura del barrio como referentes de identidad y orgullo. El proyecto recuperó las historias ancladas a la época de la conquista,  hasta las expresiones de la música vinculadas al barrio. Dentro de esto se articula una historia que tiene anclajes muy profundos en la historia nacional.

El culto a la Santa Muerte por ejemplo, es un culto muy antiguo en nuestras sociedades. Estaba en el closet de la conciencia del pueblo. En Tepito empieza a darse la visibilidad de esa tradición que está muy inscrita en la cultura pero que mucha gente mantenía oculta por lo que implicaba.

Tepito logró confrontar desde los propios códigos de la cultura popular, la perspectiva racista-  clasista que ha tratado de despojar a los pobres de los códigos culturales desde la época de la ilustración. Y se desarrolló con la narrativa de la modernidad donde surgen tres principales ejes; educación, razón y progreso como condición de futuro. Desde ahí lo que se generaron dos grandes ejes de confrontación; los ilustrados, que plantean que todo lo que escape de la razón es superstición y atraso,  y los románticos que recuperan muchas de las tradiciones sociales y plantean que en esas tradiciones hay elementos muy positivos de búsqueda de bien común frente a la individualidad y construyen una perspectiva en la que esas tradiciones del pueblo deben ser valoradas.

Con lo anterior entramos a una gran disputa histórica que llega hasta lo que hoy se conoce como Alta Cultura y Cultura Popular. Dentro de eso se inscribe esta perspectiva de sectores que revaloran sus propios códigos culturales y su historia sociocultural, como un dispositivo de resistencia frente a un orden clasista y racista que les niega esa dimensión cultural.

El Dr. José Manuel Valenzuela es Coordinador del Diplomado en Línea “Juvenicidio y vidas precarias en América Latina”. Para más información visite: https://www.colef.mx/uec/juvenicidio2019/