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LA VIDA MISMA. FERNANDO FREDDY QUIÑONES, UN TROVADOR FRONTERIZO

PRÓLOGO.
Jorge F. Hemández.

Conocí a Víctor Alejandro Espinoza Valle en Madrid, una noche lluviosa en la que algunos fanáticos fascistas insistían en conmemorar la muerte de un dictador, mientras nosotros nos hallábamos en una reunión de mexicanos empecinados en celebrar un aniversario más de la Revolución Mexicana con guitarras y todas las canciones que nos viniesen a la mente, incluso a medias. Para más detalles, yo andaba vestido con una casaca de charro en gamuza color mostaza y poco nos duró la noche para sellar y saber que· en ese instante había nacido una amistad imbatible. Como canción que no se olvida nunca.

A lo largo de estos casi veinte años he seguido con creciente admiración cada uno de los párrafos y logros que ha ido construyendo Víctor Alejandro, desde antes de su Doctorado y hasta la más reciente ocurrencia de sus hijos: nuestra amistad es una melodía continua, de ritmos variados, que se vuelve una música callada en correspondencia proporcional. Ahora, nuestro autor publica uno de sus trabajos más entrañables: La vida misma. Femando Freddy Quiñones, un trovador fronterizo, es otra investigación donde Víctor Alejandro trabaja con las esencias que le son más propias. Ya nos había compartido esa magia con el espléndido mural biográfico de Don Crispín. Una crónica  fronteriza, entrañable fantasma fronterizo que se convierte en abuelo de todo aquel que lo lea; y ahora tenemos ante nosotros una vida
escrita en papel pautado, una existencia rica en vivencias que se lee como quien canta en voz baja. En ambos casos, el autor ha logrado entreverar las mejores artes de la microhistoria con los testimonios de los seres que nos quedan muy cerca del corazón.

Quizá la vida no sea más que una canción, un largo poema sinfónico que nos despierta al nacer y que nos acompaña hasta el último suspiro en perfecto silencio; cada individuo determinaría entonces los movimientos y los ritmos de su personal sinfonía: el adagio con el que cada quien enfrenta su respectivo ocaso y los muchos o pocos allegros que se intercalan a lo largo de la existencia. De no ser así, la vida podría ser entonces una sucesión de canciones diversas que se van hilando sobre los calendarios con la misma azarosa sincronicidad con la que se definen los hechos y los nombres, los lugares y circunstancias que nos rodean. Me pregunto si la máquina del tiempo que todos esperamos con ansias -desde que la prometiera H.G.Wells- logre finalmente sernos accesible a través de la música; es decir, vivimos ahora rodeados de millones de prójimos o próximos que deambulan por las calles prendidos a sus audífonos y prendados de músicas que, en su mayoría, pertenecen al pasado y proyectan el más insólito futuro. Dicho lo anterior, me atrevo a formular la hipótesis de que los viajes en el tiempo no dependerán de una nave espacial de la NASA, sino de una epifanía musical que nos transporte a otras épocas, ya sea con la ayuda de seis cuerdas bien afinadas o con el equipo completo de una orquesta con metales incluidos. Así el deseo, me pregunto entonces si no sería que conocí a Víctor Alejandro Espinoza Valle en el Tecolote Night Club de Mexicali, una noche perdida de 1945 (supuestamente, 17 años antes de mi fecha de nacimiento), y que nos hicimos amigos escuchando cantar a un tal Freddy Qmñones, que ahora -medio siglo después- es protagonista de otro buen libro de mi amigo; o me pregunto si acaso nací yo también en Tecate, en 1928, y que he seguido con orgullo matrio los pasos de mi paisano Quiñones, conquistador de los foros musicales, incluso al norte de la frontera, memorioso bardo de los sentimientos de nuestra gente, poeta melómano que ha sabido expresar el eco de los sentires que nos distinguen de los gringos atonales y de los desafinados paisanos de otras regiones de México.

Con todo, en tanto resuelva esos enigmas (a la espera de la mentada máquina de Wells), me quedo con este libro que narra una vida de música, escrito por una pluma de prosa polifónica: sociología de la buena con alma de historiador, rescatador de tesoros orales y gambusino de historiografías, que ha dejado con acierto que el narrador sea precisamente quien lleve la voz cantante. Es más, por encima de todo, me quedo con este libro porque es literatura verídica y no ficción de lo inverificable; es una biografía en voz del vivo que narra -como quien canta- los avatares y las peripecias que fueron adoquinando el sendero de su existencia por estas tierras, y de la mejor literatura, en tanto que nos refleja como el espejo de un estanque cristalino o como las canciones que nos llenan el alma, incluso en alguna fría noche de Madrid, que
siempre parece estar tan lejos de aquí.

Femando Quiñones habla en estas páginas con La frescura de una melodía inconclusa, bajo la pátina de sus muchas experiencias y con el mapa del mundo grabado en su alma. Recorrió muchos paisajes y logró grandes y merecidas ovaciones, pero siempre con fidelidad a los silencios más íntimos de quien se entrega al afán de musicalizar sus entornos, pautar las circunstancias, medir el ritmo de los pentagramas que nos rigen los días y cantar a voz en cuello su identidad inquebrantable. Es una vida que nos canta a todos quienes ahora tenemos la oportunidad de leerla, pues si la vida no es más que una canción, los muchos millones de habitantes que desfilamos por este planeta aun con la diversidad melódica que nos toca ejercer o todos los ritmos del mundo que heredamos al nacer- abrevamos del mismo despliegue de notas. A cada quien nos toca al nacer una escala idéntica de notas emanadas de la misma baraja existencial: algunos no podrán más que tararear una samba de una sola nota, y otros quizá se pierdan en el enredo de semitonos discordantes; habrá quienes destilen afinidad con la
síncopa de todos los semejantes y quienes solamente podrán musicalizarse a solas, como quien ensaya un tango. Pero hay algunos, no muchos, que leen perfectamente la música del mundo, que indagan la memoria de los valses de antaño y las raíces rancheras de la música mexicana que tantos llevamos en las venas. De ésos es Víctor Alejandro Espinoza Valle, quien presenta en estas páginas la biografía musical, polifónica y polifacética de Fernando Freddy Quiñones, un personaje entrañable de carne y hueso, que de no constar su existencia fehaciente, tendríamos que ir a buscarlo entre las coplas de un corrido popular o entre las neblinas de un bolero romántico: un mexicano que trascendió las fronteras imaginarias de los tiempos y de la geografía para plasmar sobre sus territorios un testimonio invaluable de dignidad, honradez e identidad; un hombre que afinó las diversas cuerdas de su existencia para triunfar en todas las luchas que le tocaron en suerte; un trovador que con su canto define precisamente lo que lo distingue de los demás y lo hermana con todos, lo que delata exactamente de dónde es y revela enigmáticamente por qué vive donde vive. El cantante que se dirige al geógrafo al margen de los mapas; al académico, más allá de los libros; al extranjero, sin importar los idiomas; y al político, por encima de los discursos: somos lo que soñamos; sentimos y vibramos con lo que cantamos y nada de esto se nos pierde en el olvido, pues se trata -nada menos- que de La vida misma.

Editorial: Ediciones y gráficos EON, S.A de C.V
ISNB: 9789689323273
Fecha de edición: 2008
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Índice

PRÓLOGO
JORGE F HERNÁNDEZ
PRESENTACIÓN...……….... 11
Una historia familiar..………....15
Una afición temprana………..... 21
En la Padre Kino...……...… 24
La Euforia, una orquesta………...… 25
En la Poli………...… 26
Los Maniceros y Toña la Prieta………...… 27
La calle Olvera...……...… 30
El box y el beis ………...… 31
Las fiestas de los Aldrete ………...… 33
El Tecolote……...…… 34
En la XEBG...……...… 35
Una salida patriótica………...… 37
Desde el techo ………...… 40
Con La Gran Orquesta de Merced Gallegos...………... 42
De regreso a San Francisco...……...… 43
The New York of the West.…….....… 46
Ni yo me lo creía………...… 51
Terry, la pelirroja………...… 58
Lalo Guerrero y sus Lobos..……....… 59
La joyería de Andrés Mena...……...… 60
Otros seis meses de gloria………...… 61
La competencia………...… 64
Emily, la hawaiana………...… 68
El sueño de grabar en Los Ángeles ………...… 68
En la NBC. Casi en New York...……... 69
Rumbo a Los Ángeles. Dorothy, la morena………...73
La nueva sensación del 49...………... 74
En Tecate de nuevo..……...… 77
Llamada a la Presidencia………... 79
El casorio con la morena………...… 81
La Internacional...……... 83
La guerra de Corea………... 83
Temblores………... 85
El Tropicana y la migra……….... 86
Bobby Gil...…….... 87
A Tijuana...………... 87
El gabacho no estaba muerto……….... 95
Dejé un amor…………... 96
En la construcción………...…. 97
Reporteando......…….... 97
De nuevo en Tijuana y San Francisco..……........ 98
En el pan......…….... 98
Cantar para el divorcio..……....... 100
Y me volví a suicidar......…….... 100
NOTICIAS QUE LLEGAN.....…….... 105
GLOSARIO......…….... 117
ANEXO
(LAs CANCIONES DE FERNANDO FREDDY QUIÑONES)......…….... 121