Una no es ninguna y empezamos otra vez: la nueva caravana que desafía la frontera

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Opinión de José Alejandro García Galván de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 1 de octubre de 2026

La historia que se repite

Hay frases que parecen pequeñas, pero describen ciclos enteros. “Una no es ninguna y empezamos otra vez” podría resumir lo que ocurre estos días en la frontera sur de México. Apenas unas semanas después de que otra caravana fuera desarticulada en Chiapas, un nuevo contingente volvió a cruzar desde Guatemala y comenzó a caminar hacia el norte. Se hace llamar “Fe y Esperanza con Dios”, salió de San Pedro Sula el 20 de septiembre y entró a México el 24 por el puente internacional Rodolfo Robles. Al llegar a Tapachula, mostró una característica clave: una caravana no es necesariamente un grupo cerrado, sino un punto de encuentro para personas en tránsito o varadas.

Los primeros reportes, incluidos los de La Jornada y EFE, situaron el contingente en unas 300 personas. Otros medios registraron entre 350 y 400 al reanudar la marcha. Posteriormente, N+ y otros medios difundieron estimaciones superiores a 600, después de la incorporación de personas hondureñas, salvadoreñas y guatemaltecas, así como de migrantes de Ecuador, Haití y otras nacionalidades que permanecían en Tapachula. Por ello, no es responsable afirmar que existen exactamente 600 integrantes: el grupo pasó de unos 300 participantes iniciales a un contingente que diversas fuentes estiman entre 350 y más de 600. El dato revela crecimiento, pero también dificultades de conteo.

Y va de nuez…

La diferencia respecto de algunas caravanas recientes también es relevante. Reportes de septiembre documentaron grupos que buscaban salir de Tapachula y avanzar hacia el centro o norte de México para trabajar o continuar sus trámites. En cambio, “Fe y Esperanza con Dios” mantiene explícitamente como destino la frontera estadounidense. Entre sus integrantes hay personas que ya estuvieron en Estados Unidos y fueron deportadas, familias con menores y trabajadores que describen desempleo, pobreza, reunificación familiar y falta de oportunidades. Un agricultor hondureño entrevistado por EFE explicó que abandonó la actividad agrícola por las dificultades económicas; otros participantes dijeron que desean volver a Estados Unidos para apoyar a sus familias mediante las remesas.

El episodio trasciende la imagen de una marcha multitudinaria. La caravana funciona como una fotografía de un problema regional acumulado. La Organización Internacional para las Migraciones reporta que, en su monitoreo de la ruta centroamericana, 62% de las respuestas identificaron razones económicas como factor de movilidad en 2025; le siguieron inseguridad o violencia, razones políticas y reunificación familiar. El Banco Mundial, por su parte, ha encontrado una relación entre migración y escasez de oportunidades económicas, bajos niveles de vida, violencia y fenómenos climáticos. CEPAL ha descrito factores estructurales semejantes: crecimiento insuficiente y baja productividad, pobreza y desigualdad, rezagos rurales, vulnerabilidad climática, violencia y una brecha persistente de ingresos y productividad frente a Estados Unidos.

¿Y entonces?

Ahí aparece la pregunta incómoda: ¿cuánto puede contener una política basada principalmente en disuadir, detener y deportar cuando las condiciones que empujan a las personas a salir permanecen en sus lugares de origen? Las medidas estadounidenses pueden modificar rutas, tiempos, costos y destinos, y reducir entradas. Incluso pueden convertir a México en un espacio de espera más prolongada. Pero ninguna elimina por sí misma la diferencia de oportunidades que lleva a muchas familias a asumir un viaje peligroso.

Esto no significa que la migración tenga una sola causa ni que Estados Unidos sea responsable exclusivo de las condiciones centroamericanas. Sería demasiado simple. La historia incluye decisiones internas de los países de origen, desigualdad, corrupción, violencia criminal, desastres naturales, cambio climático, mercados laborales débiles, reunificación familiar y la existencia de redes migratorias ya consolidadas. Sin embargo, también es razonable recordar que la relación económica entre Estados Unidos y América Latina ha estado marcada durante décadas por asimetrías comerciales, financieras y productivas. La migración es, entre otras cosas, una de las expresiones humanas de esas desigualdades.

¿Sobre aviso no hay engaño?

En ese contexto, la reacción de Washington ha sido inmediata. El Departamento de Seguridad Nacional comunicó a Fox News que la Patrulla Fronteriza mantiene monitoreado el movimiento de la caravana mediante coordinación con socios internacionales y recordó que, bajo la administración de Donald Trump, la frontera permanece cerrada y asegurada. Tom Homan, responsable de la política fronteriza de la Casa Blanca, declaró a Fox News que quienes intenten ingresar serán rechazados, detenidos o sometidos a procesos de deportación, y advirtió que algunos podrían ser enviados a un tercer país cuando su país de origen no los reciba con rapidez. Esa advertencia coincide con una política más amplia de la administración Trump que ha ampliado las deportaciones y endurecido las vías de acceso y asilo.

Una caravana de unos cientos de personas está lejos de representar una crisis demográfica en Estados Unidos. Pero posee gran capacidad de comunicación política: es visible y fácilmente incorporable al debate sobre seguridad fronteriza. Por eso, un grupo pequeño puede adquirir importancia política mayor que su tamaño.

Los costos de la migración…

El momento tampoco es casual. Estados Unidos se encuentra a pocas semanas de las elecciones intermedias de noviembre de 2026. Conviene, sin embargo, evitar una conclusión automática: no puede afirmarse que esta caravana determine el resultado electoral. Las encuestas recientes muestran que inmigración y frontera siguen siendo relevantes, pero compiten con costo de vida, empleo, salud y política exterior. Una encuesta Reuters/Ipsos de septiembre encontró que el costo de vida era una prioridad central para los votantes, mientras que otros sondeos situaron inmigración entre los temas importantes. En el Marist Poll de septiembre, los electores estaban divididos respecto de qué partido manejaría mejor la inmigración.

La importancia electoral de la caravana está menos en su número que en su capacidad para reactivar un tema que moviliza a sectores distintos del electorado. Para el gobierno de Trump, la imagen de una frontera cerrada puede reforzar el argumento de continuidad. Para sus adversarios, nuevas caravanas pueden servir para cuestionar si la disuasión resuelve las causas del fenómeno. Ninguna interpretación permite anticipar por sí sola el resultado electoral.

México enfrenta una dinámica distinta. Tapachula funciona como un embudo: llegan personas que esperan documentos, empleo o una oportunidad para continuar, mientras nuevas caravanas agregan integrantes a una población que enfrenta largos periodos de espera. Los reportes sobre “Fe y Esperanza” muestran precisamente esa mezcla: algunos quieren Estados Unidos; otros consideran quedarse en México si consiguen regularización y trabajo.

Salimos pagando el pato…

El tema tendrá también una dimensión electoral mexicana. El proceso electoral federal 2026-2027 comenzó el 10 de septiembre y la jornada será el 6 de junio de 2027. Se renovarán 500 diputaciones federales y habrá elecciones locales en las 32 entidades, incluidas 17 gubernaturas y miles de cargos municipales y legislativos.

La migración puede incorporarse al debate electoral de manera diferenciada: en Chiapas como problema de servicios, empleo, seguridad y atención humanitaria; en los estados del norte como asunto de movilidad, vivienda y relación con Estados Unidos; y a nivel federal como tema de política exterior y negociación con Washington.

Sería prematuro afirmar que la caravana cambiará las elecciones de 2027. Sí aporta un asunto de alto potencial político a una campaña que apenas comienza. Si nuevas caravanas aparecen durante los próximos meses, la migración puede dejar de ser un episodio fronterizo para convertirse en un tema recurrente de la conversación electoral. Si se dispersan antes de alcanzar el norte, su impacto podría ser menor.

La paradoja final es que la amenaza de cierre puede no detener la decisión de migrar, sino hacerla más costosa, clandestina y peligrosa. Cuando las oportunidades económicas, la seguridad y las condiciones de vida no mejoran, la migración continúa siendo una alternativa.

La caravana “Fe y Esperanza con Dios” está en las primeras etapas. Algunos abandonarán el grupo; otros se incorporarán o decidirán permanecer en México. Conviene evitar el alarmismo. Hoy se puede afirmar que existe un nuevo contingente, que creció al incorporar migrantes varados en Tapachula, que mantiene como objetivo llegar a Estados Unidos y que ya provocó una respuesta pública de Washington. Lo que no puede saberse es hasta dónde llegará ni cuál será su impacto político.

Conclusiones

Tal vez esa sea la lección. Las caravanas son visibles; las causas estructurales, mucho menos. Una fotografía de cientos de personas bajo la lluvia recorre rápidamente las pantallas. La pobreza, desigualdad, desempleo, violencia, cambio climático y brechas salariales no producen imágenes tan inmediatas, pero ayudan a explicar por qué la historia comienza de nuevo.

Y ahí vuelve la frase inicial: una no es ninguna y empezamos otra vez. No describe solamente la repetición de una caravana. Describe la repetición de una pregunta que las políticas migratorias todavía no han conseguido resolver: ¿por qué las personas siguen dispuestas a caminar cientos o miles de kilómetros después de conocer las amenazas de deportación, los peligros del trayecto y las dificultades de llegar a Estados Unidos? Mientras esa pregunta se responda solamente desde la frontera y no desde las condiciones que producen la salida, cada nueva caravana podrá parecer un acontecimiento inesperado, aunque en realidad sea la continuación de una historia largamente anunciada.

Tres preguntas para no dormir tranquilos

  1. ¿Puede una política basada principalmente en disuadir la llegada modificar de manera duradera la migración si las condiciones económicas y sociales que impulsan la salida permanecen intactas?
  2. ¿Hasta qué punto las caravanas representan una amenaza fronteriza y hasta qué punto son el síntoma visible de desigualdades económicas y sociales acumuladas en Centroamérica?
  3. ¿Qué deberían discutir México y Estados Unidos en sus próximos procesos electorales? ¿cómo impedir que las personas lleguen, o cómo construir condiciones para que migrar deje de ser una decisión obligada?

¿Y usted, qué piensa?

Referencias Bibliográficas

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José Alejandro García Galván
El Colegio de la Frontera Norte, Dirección General de Asuntos Académicos.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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