Dedicado a mi profesora Fina Cánoves
1. El aforismo es la voz de un monstruo invisible. El micorrelato, sus ojos. Y, para Paco Umbral, la greguería es animista.
2. Siempre recuerdo el microrrelato de Antonio Cabrera (1958-2019), Corazonada: “Rápido -dijo-, arrojad a ese río las cenizas del Fénix”.
3. La única diferencia entre aforismo y máxima está en quien firma.
4. Un aforismo es una isla habitada por personas civilizadas, aún enmascaradas o alimañeras. Un fragmento, una isla tipo Groenlandia, ora verde, ora polar, siempre dependiente y mostrenca. Una novela es Pangea, tierra a separarse quién sabe cuándo.
5. Un aforismo, ¿vende? Lo preguntan quienes promueven a buscadores, mails y redes sociales como carteros fanatizados que, día y noche, llaman para que firmemos idéntico acuse de recibido. Está clarísimo que, si no respondemos, se morirán de hambre.
6. Un aletargado replica:
-Un aforismo es la única línea que quedó de un tratado.
Pero, ¿qué sobrevivirá de los tratados? De quererse plantear en términos crepusculares, un aforismo es la ceniza de una escritura que no fue Fénix.
7. ¿Es fácil escribir aforismos? No. Pero suscitan una pugna similar a la literaria y política de: “Digas lo que digas, este perro es un perro”, contra los muriáticos de: “Dices que es un perro, pero si es liberador, para mí o la sociedad, que sea gato, lo será; ¿acaso un ladrido no es un maullido despótico?”
8. Continúo de año sabático, así que acepto que un animal escriba aforismos; por ponerme científico, un simio será. Pero, ¿por qué detenerse en respirar? La última IA que se despereza parasitaria, escribe aforismos. Y están los testamentos, con la escritura alobada del muerto, en sus cajones, bombas de tiempo con narcolepsia: un Lázaro tamaño carta. Aunque esto lo reescribiré si alguna vez descubro, pantalla de compu adentro, el equivalente a un cajón.
9. ¿Y la mesa, el vaso? ¿Lo construido no merece también escribir? Sus diálogos de flores secas son difíciles de sintonizar e incitan a la adivinanza: El trabajo académico otorga ocio para acomodarse a los objetos, requisito previo para hacerlos platicar. No es tan difícil como el braille de muchos profesores.
10. El braille académico: Una veleta, en forma de gallo, con ojos vivos que, insertos en el hierro, parpadean.
11. Las personas morales también platican. En Chilpo, leí en muros: “Me extrañas. Lo sé”; “Me verás volver”; “El PRI está aquí”. Y en CDMX, Morena, que “nosotrea” al límite del uso coactivo del nosotros, espantaba la cantinela pasivo agresiva:
-Te afiliamos desde casa.
12. ¿Y la naturaleza? El océano o su bisnieto turbio, el agua de la llave; el fuego con prisa o el viento exacto, sin cuello y vitalista; polvo, sombras, estrellas, cuásar o el satánico agujero negro. Si un aforismo es conciso, la densidad de la estrella que muere no tendrá rival:
– Escribe tu aforismo, estrella, y que perezca el mundo.
13. Las mismas letras, para Arthur Rimbaud (1854-1891) en su poema a las vocales, cuentan: “U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,/paz de pastos sembrados de animales,/de surcos que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian”… ¿Cómo se condice la voz, con la voz misma?
14. Ojalá el aforismo sugiera -construya una puerta; aquí, ventana o chimenea la equivalen- que una palabra es cuatro rostros y el escritor descubre el verdadero.
15. Termino: Un aforismo resume … ¿Lo que debimos escribir antes de morir? ¡Ojo!, no vayamos a acabar cincelando nuestro propio epitafio. Tristemente, esos desatinos son muy propios de suicidas, que no se percatan de lo grotesco de querer pasarse enteros por el ojo de la cerradura.
16. De lo que se trata es de hacer, al escribir -no sólo aforismos-, como en la buena screwball comedy: veamos los talones a la literatura y, otras veces, dejemos que nos los vea ella. Más sencillo: Es al revés de quienes escriben yéndose de cada frase, y les quedan textos unialados, con una sola ala.
Jesús Pérez Caballero
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.
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