Un cerco de retórica xenófoba

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Opinión de Blanca Delia Vázquez Delgado Investigadora de El Colegio de la Frontera Norte

lunes 19 de enero de 2026

Sin duda un año de administración del presidente Trump ha levantado claramente el muro entre los dos países. No es necesaria una barda física, cercas electrificadas o boyas en el río Bravo /Grande para desincentivar –en principio– a cualquier persona en sus intenciones de ingresar de forma no autorizada a Estados Unidos; y de igual manera forzar la salida voluntaria –en el mejor de los casos– de personas con estatus migratorio irregular.

La muerte de Renée Nicole Good en Minneapolis mostró, además, hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno federal para detener la inmigración irregular en ese país. Es totalmente natural que la población inmigrante evite salir a la calle, no envíe a sus hijos a la escuela o se ausente de los centros de trabajo –tal como documentan algunos medios de información– para evitar ser detenido y posteriormente devueltos o deportados a sus países de origen.

Aunque no hay forma de verificar las cifras informadas por Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional del país vecino, sobre el número de personas que han sido enviadas de regreso a sus países de origen, llama la atención que los eventos de devolución por la frontera de Nuevo Laredo no sean sustancialmente diferentes a los observados en años anteriores.

El movimiento de población en ambas direcciones, de sur a norte y de norte a sur, ha sido una característica constante de las ciudades o puertos fronterizos con Estados Unidos. Sin embargo, el discurso radicalizado e incendiario sobre sacar del país a quienes no tienen papeles auguraba una deportación y devolución masiva que no ha ocurrido; y por otra parte hay opiniones que hablan de un ajuste temporal del movimiento migratorio hacia Estados Unidos e incluso se cuestiona si la reducción de los cruces se mantendrá en el largo plazo.

Sólo como un indicador de la devolución efectiva de personas migrantes de origen mexicano desde ese país, vale decir que según datos del Instituto Nacional de Migración entre enero y diciembre del año 2023 hubo 33 mil 249 eventos de devolución por la frontera de Nuevo Laredo; 22 mil 609 en el 2024; y diciembre de 2025 cerró con 233 devoluciones para un total anual de 8 mil 58 eventos registrados en la ciudad. Es decir, el indicador no ha aumentado sino al contrario, ha disminuido.

Lo anterior no significa necesariamente que no se esté deportando desde Estados Unidos a población mexicana con estatus indocumentada, seguramente si hay casos registrados. Es más probable que el indicador refleje que la mayoría de los eventos de devolución son resultado de que la autoridad migratoria estadounidense intercepta –y posteriormente devuelve– a quienes buscan entrar sin autorización por su frontera sur. Si los intentos de ingresar de forma indocumentada a Estados Unidos han caído, las detenciones también se han reducido.

Por otra parte, este indicador también dice que las deportaciones no están ocurriendo como se dice que ocurren, y que la retórica de intolerancia al igual que crea un cerco en la frontera entre los dos países también construye cercos psicológicos, muros de miedo en la vida cotidiana de los millones de personas sin documentos que vive en Estados Unidos, incluso entre hispanos nacidos en ese país, quienes buscan pasar desapercibidos o escondidos para no ser detenidos por ICE.

En una visión hacia el futuro el debate no es si el discurso radicalizado contra la población inmigrante detiene la migración irregular en Estados Unidos, sino más bien si la disminución podrá ser permanente o hasta cuándo podrá mantenerla contenida. Hasta ahora el cerco construido a base de retórica xenófoba está dando frutos.

Blanca Delia Vázquez Delgado
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Monterrey.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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