Los datos más recientes confirman lo que durante décadas ha sido evidente: Tijuana es uno de los principales motores de la economía exportadora de México. Durante los primeros meses de 2026, la ciudad concentró 45.2% de los ingresos por exportación de Baja California, mientras el estado mantuvo el liderazgo nacional en establecimientos registrados bajo el programa IMMEX, con 914 plantas, equivalentes a 17.5% del total del país. Tijuana, por su parte, registró ingresos por exportación por más de 16 mil millones de pesos, 8.8% más que un año antes.
Las cifras son relevantes, pero pueden resultar engañosas si se interpretan solo como una historia de éxito. El problema de Tijuana no es cuánto exporta, sino cuánto desarrollo genera con sus exportaciones. La señal preocupante está en el empleo: mientras las exportaciones aumentaron, el empleo IMMEX disminuyó 1.4% mensual y 3.3% anual entre mayo de 2025 y mayo de 2026. Esta divergencia plantea una pregunta decisiva: ¿puede Tijuana seguir aumentando sus exportaciones sin generar proporcionalmente más empleos? La automatización permite producir más con menos trabajadores. Por ello, el reto no es solo crear empleos, sino elevar la calificación laboral para acceder a puestos de mayor productividad y remuneración. El futuro de Tijuana debe orientarse hacia actividades manufactureras y tecnológicas de mayor valor agregado.
Durante décadas, la ventaja de Tijuana se construyó sobre tres pilares: proximidad con Estados Unidos, costos laborales competitivos y experiencia manufacturera. Estos factores siguen siendo importantes, pero ya no suficientes. La región compite ahora por inversión con otras regiones que buscan aprovechar la reorganización de las cadenas globales de suministro. La frontera con San Diego constituye una ventaja excepcional. Tijuana debe verla como parte de un ecosistema económico binacional, integrando manufactura, logística, tecnología, investigación y capital humano de ambos lados.
El llamado nearshoring ofrece una oportunidad, pero no es una garantía. Para aprovecharlo, Tijuana necesita algo más que terrenos industriales y trabajadores disponibles. Necesita infraestructura, cruces fronterizos eficientes, vivienda, transporte, seguridad y talento especializado. Aquí aparece una de los mayores desafíos de la ciudad: para atraer más inversión industrial, requerimos de una infraestructura urbana y productiva que no crece al mismo ritmo que la economía. Una fábrica puede instalarse rápidamente; construir una planta de agua, ampliar una carretera o resolver un cuello de botella fronterizo toma años.
Adicionalmente, la revisión del T-MEC y la creciente presión de Estados Unidos para fortalecer las cadenas productivas norteamericanas pueden convertirse en una amenaza o en una oportunidad. Si las empresas instaladas en Tijuana continúan dependiendo de componentes provenientes de Asia, las nuevas reglas pueden elevar sus costos. Si, por el contrario, se desarrollan proveedores mexicanos y regionales, Tijuana puede beneficiarse de una mayor integración norteamericana.
Tijuana necesita avanzar de una economía predominantemente maquiladora hacia un ecosistema de manufactura avanzada. Eso significa atraer ingeniería, diseño, investigación y desarrollo, automatización, software, logística avanzada y centros de decisión empresarial. También significa formar técnicos e ingenieros para las industrias que queremos atraer. La paradoja es clara: Tijuana ha demostrado que sabe fabricar, pero todavía tiene que demostrar que puede capturar una mayor parte del valor que genera.
El desafío también es urbano. No puede existir una economía altamente competitiva en una ciudad donde los trabajadores enfrentan largos tiempos de traslado, vivienda inaccesible, problemas de agua o infraestructura insuficiente. La política de desarrollo económico debe dejar de estar separada de la política urbana.
El éxito exportador no equivale necesariamente a desarrollo económico pleno. El reto ya no es atraer más plantas, sino generar con ellas mayor productividad, innovación, inversión, salarios y valor agregado. La pregunta para los próximos años no debería ser cuántas plantas nuevas puede atraer Tijuana, sino cuánta productividad, innovación, inversión, salario, conocimiento y valor agregado puede generar cada una. Tijuana ya cruzó la frontera geográfica. Ahora necesita cruzar la frontera entre ser una gran plataforma de manufactura y convertirse en uno de los grandes nodos tecnológicos y productivos de América del Norte. Ese será el verdadero indicador de su competitividad.
Eduardo Mendoza Cota
El Colegio de la Frontera Norte, Departamento de Estudios Económicos.
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