Ser o no ser botarga

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Opinión de Jesús Pérez Caballero Investigador de El Colegio de la Frontera Norte

viernes 4 de septiembre de 2026

Supe de la palabra “botarga” en México, aunque en la Guadalajara española alude, popularmente, a un disfraz folclórico grotesco (contexto similar a la tradición mexicana de, por ejemplo, los tastoanes de Tonalá). En México, es paradigmática la botarga comercial del Dr. Simi, un viejito calvo, pero con pelos a los lados de su cabeza, tensos como patas de araña; representa a una exitosa cadena de farmacias. Quien elaboró la entrada de “botarga” del Diccionario del Español de México (“vestuario o disfraz voluminoso de una persona, sobre todo en el teatro, para representar un papel”) pensó en él, pero no aprecia mucho a tal empresa. Escribió: “Una botarga de doctor baila desquiciada fuera de una farmacia de la que sale gente miserable”. Tal redactor, espécimen de “sub bibliotecario” melvilleano, es un náufrago que se entretiene arrogantemente en su minúscula isla, lanzando su bumerán de amargura.

Más mesurado y completo, el Diccionario de la lengua española (DRAE) explica la etimología como un italianismo (‘bottarga’), alusivo al color de una “especie de caviar”. Proviene del griego habrotárichon, dividida en habrós (delicado) y tárichon (pescado o carne en salazón). El paso del árabe butarjah (que lo tomó del copto y éste del griego) al italiano no se dio antes de 1500 (Hughes y Wasson, “The etymology of Botargo”, The American Journal of Philology, 1947).

Las acepciones uno y tres del DRAE son las mexicanas; respectivamente: “[e]n las mojigangas y en algunas representaciones teatrales, vestido ridículo de varios colores” y “[a]rmazón de ballenas o de alambre, revestida de tela, que usan los actores debajo de los trajes para deformar la figura”. Corominas data la aparición en nuestra lengua (entre 1580-1590) por la popularidad de un personaje bufonesco, “Stefanello Bottarga”, interpretado por Abagaro Francesco Baldi (c.1540-1590), parte de la famosa ‘Commedia dell’arte’. El personaje fue tan famoso en el siglo XVI, en fechas de la Conquista, que monopolizó la expresión de “botarga”, utilizada ya cómicamente en italiano.

¿Cómo pasó botarga de referirse a “salazón” y a un tipo de caviar (como se mantiene en otros idiomas europeos), a un sinónimo de disfraz bufo? Del mismo modo que es usual señalar un aspecto caricaturesco con una denominación culinaria, según una vaga similitud. Al cabo, en España tenemos a los personajes de tebeo “Mortadelo y Filemón”, alusivos a fiambres, para evidenciar su bufonería.

Termino: Hebe Uhart escribe sobre los animales como si nos sugirieran a los humanos que nunca nos abandonarán. En “Animales” (Adriana Hidalgo editora, 2017), escribe con felicidad nostálgica y brinda para despedir al fantasma casero del hogar; brindar es libar. Por contra, los bichejos de Disney son botargas: humanos disfrazados de animales, y hasta ironizan sobre su falta de numen. Los súper héroes de Marvel o D.C. son botargas: simplones disfrazados de dioses, y hasta se hipotecan, y bajo el disfraz hay un guionista jibarizado con mirada de luz estroboscópica, y ese es su hechizo, confundir divirtiendo. Tales simplezas — hay más: todo lo copan “versiones” o “perspectivas”, por falta de imaginación, profecías autocumplidas, abundancia de consignas o la comodidad de chayoteros y paniaguadas — nos abotargan… Muchos flotan ya en la atrofia cognitiva, entre lotófagos y comedores de la “garmonbozia” de Twin Peaks: La degradación de palabras e ideas es una denuncia perfecta como conclusión de mi año sabático.

A pesar de todo, quedan buenas fábulas: En las moralejas de “El Cuentacuentos” (J. Henson) sobre la muerte, la orfandad o la crueldad, o la generosidad, la fuerza de la filiación o el jugarse la piel. Los dibujos de la colección de libros de Altea Benjamín. Las pelis “Flow” o “Arco”. O el grado cero de la deconstrucción geopolítica de la serie de TV “Fallout” (J. Nolan y L. Joy).

Jesús Pérez Caballero
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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