Panem et Circenses: El Mundial de 2026 como el Circo del Pueblo Mexicano

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Opinión de Alejandro García Galván de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 4 de junio de 2026

Introducción:
Hace casi dos mil años, el poeta romano Juvenal escribió desde las calles de una Roma en
decadencia una frase que trascendió su época para convertirse en el manual operativo de todo
poder que busca mantener el control sobre las masas: panem et circenses. (Pan y circo).
Alimento y espectáculo. Sustento material y distracción emocional. La fórmula más antigua y
efectiva del mundo para que un pueblo olvide sus problemas mientras sonríe, mientras grita un
gol, mientras llora una derrota. No se trata de crueldad, se trata de estrategia pura. Y como toda
buena estrategia, funciona porque apela a lo más básico del ser humano: la necesidad de
pertenecer a algo más grande y la necesidad urgente de evadir una realidad que muchas veces es
insoportable.

México está a punto de vivir su versión más grande, más costosa y más
reveladora de esta máxima imperial.
El Mundial de Fútbol 2026, compartido con Estados Unidos y Canadá, no es solo un torneo
deportivo. Es, ante todo y, sobre todo, un negocio dual: económico y político. Mientras la FIFA
acumula al menos 110 mil millones de dólares en ingresos totales —con un aumento del 550%
en patrocinios respecto a Qatar 2022, un récord histórico para cualquier evento deportivo—,
México aporta el escenario, la seguridad, la logística y más de 8 mil millones de dólares en
inversión pública para recibir apenas 13 partidos en tres ciudades. Esta asimetría brutal entre lo
que se invierte y lo que se recibe es la columna vertebral de un modelo económico que Juvenal
reconocería al instante: el pueblo pone el pan, el poder se queda con el circo. Y lo más
inquietante de todo es que, en lugar de protestar, el pueblo pide más circo.
Pero el circo, en la cultura mexicana, siempre ha tenido un significado que va mucho más allá
de la arena y los payasos. En México, el «circo» no es solo entretenimiento: es una metáfora
viva de la extraordinaria capacidad nacional para transformar cualquier evento —por grave que
sea— en un espectáculo colectivo donde la identidad se afirma, las tensiones se suspenden
momentáneamente y todos, ricos y pobres, gobierno y gobernados, respiran al mismo ritmo.
El fútbol es ese circo. Cuando la selección nacional juega, México se detiene literalmente. Las
calles se vacían, las pantallas se encienden, los bares se llenan, y por noventa minutos el país
entero late como un solo corazón. Es el único momento en que las diferencias de clase, región e
ideología política se disuelven en una pasión compartida que no necesita traducción. Y
precisamente por eso es tan valioso para el poder: porque mientras el pueblo mira el partido, no
mira la factura de la luz, no mira los precios del gas, no mira las cifras de violencia. El fútbol no
resuelve problemas, los congela. Y un problema congelado es un problema que no exige
respuestas.

No es casualidad que los gobiernos mexicanos hayan utilizado históricamente los grandes
eventos deportivos como ventanas de oportunidad política. En 2014, durante el Mundial de
Brasil, el gobierno de Enrique Peña Nieto aprobó la controvertida reforma energética
aprovechando que la atención pública estaba concentrada en el fútbol y no en el Congreso. Los
legisladores que debían debatir la reforma estaban viendo partidos.
En 2018, el Mundial de Rusia coincidió con elecciones presidenciales, y la preocupación real de
los estrategas electorales era que la participación cayera porque la gente estaba viendo partidos
en lugar de votar. El patrón es siempre el mismo y se repite con una puntualidad asombrosa: el
circo distrae, y mientras el pueblo mira el espectáculo, el poder mueve sus fichas en silencio. Es
panem et circenses en su forma más pura, y México lo ha practicado con una maestría que
pocos países del mundo pueden igualar.
El gobierno actual no es la excepción. En un contexto de violencia sin precedentes —con la
muerte de «El Mencho» en febrero de 2026, que desató una ola de violencia en Jalisco y la
cancelación de eventos internacionales como el Mundial de Clavados de World Aquatics y el
WTCR—, el Mundial funciona como la herramienta perfecta de distracción masiva. Mientras el
mundo mira los goles, la narrativa internacional se centra en la fiesta y no en los cuerpos.
La ecuación política es simple pero devastadora: seguridad percibida importa más que
seguridad real. Si el mundo cree que México puede controlar el caos, el Mundial será un éxito
político. Si la narrativa cambia a «caos», el costo será incalculable, no solo en imagen
internacional, sino en inversiones futuras, flujo turístico y credibilidad para atraer capital
extranjero. Por eso el gobierno está dispuesto a invertir miles de millones no en resolver la
violencia de raíz, sino en que el mundo simplemente no la vea durante un mes. Es la diferencia
entre curar la enfermedad y ponerle un maquillaje al paciente.
Pero el circo tiene un precio, y no lo paga la FIFA. Lo paga el contribuyente mexicano. Las tres
ciudades sede —Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara— invierten colectivamente más
de 8 mil millones de dólares en infraestructura que, según reportes de Nikkei Asia publicados a
días del inicio del torneo, no estará terminada a tiempo. El estacionamiento del Estadio Azteca,
ahora llamado Estadio Banorte, sigue en obra. La renovación del Aeropuerto Internacional de la
Ciudad de México avanza al 50%. El Metro de Monterrey, prometido como legado del
Mundial, se retrasa hasta 2027 o más allá.
Y aquí está la pregunta incómoda que nadie quiere formular en voz alta: ¿quién se beneficia
realmente de esta inversión? Las constructoras sin duda. Las empresas de materiales, también.
Los consultores internacionales, por supuesto. Pero ¿el ciudadano común que paga impuestos
para financiar obras que no estarán listas cuando suene el silbatazo inicial? Esa es otra historia,
una historia que no aparece en los comunicados oficiales. El circo enriquece a los de arriba y
empobrece a los de abajo. Esa es la ley romana, y esa es la ley mexicana.
El beneficio económico directo para México se estima entre 27 y 30 mil millones de dólares, lo
que representa apenas entre el 0.14% y el 0.3% del PIB nacional. Para ponerlo en perspectiva,
es menos de lo que genera la industria cervecera mexicana en un solo año. En contraste,
Estados Unidos, con 60 de los 104 partidos programados, espera un impacto económico de 305
mil millones de dólares, casi once veces más que México con tres veces más partidos.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿valió la pena? La respuesta, como siempre en estos casos,
depende de a quién le preguntes. Si le preguntas a la FIFA o a un hotelero de Los Ángeles, valió

cada centavo invertido. Si le preguntas a una PYME de Guadalajara que vio sus costos subir un
30% sin ver un solo cliente nuevo durante el torneo, la respuesta es muy, muy diferente.
Para las grandes cadenas hoteleras, las aerolíneas y las plataformas digitales como Airbnb, la
respuesta es un rotundo sí. La ocupación hotelera en ciudades sede alcanza el 98% en fechas de
partido, y los precios se incrementan entre un 60% y un 90% respecto a tarifas normales.
Aeroméxico, Volaris y Viva Aerobus reportan ventas anticipadas récord para el periodo del
torneo. Uber y Didi duplican sus tarifas dinámicas sin que nadie proteste demasiado.
Pero para las PYMES mexicanas —que representan el 90% del tejido empresarial del país y
generan el 72% del empleo según datos de la Secretaría de Economía—, la historia es muy
diferente y mucho más oscura. Según el estudio de Grant Thornton publicado en mayo de 2026,
el 65.2% de estas empresas espera que sus costos operativos aumenten hasta un 30% durante el
torneo, mientras que su expectativa de rentabilidad cae un 55.1%. En otras palabras: el circo les
cuesta más de lo que les deja, y no tienen a quién reclamarle. Y esto no es nuevo ni es sorpresa.
Los investigadores del Journal of Travel Management han documentado extensamente lo que
llaman «efecto sustitución»: durante los grandes eventos deportivos, los turistas regulares evitan
el destino precisamente por los precios inflados y las aglomeraciones. El beneficio neto para la
economía local es siempre menor de lo que prometen las cifras oficiales difundidas en
conferencias de prensa. El pan se infla en las estadísticas, pero el circo no alimenta a todos por
igual.
Sin embargo, hay un dato esperanzador en medio de tanta asimetría que merece atención y que
pocos medios han destacado. El formato expandido de 48 equipos, inaugurado en este Mundial,
permite que 25 comunidades no sede en Norteamérica se repartan 17.3 mil millones de dólares
en beneficios económicos, lo que representa el 27% del impacto total fuera de las ciudades
anfitrionas principales. Pequeñas ciudades como Decatur, Georgia, con apenas 25,000
habitantes, invirtieron 1.5 millones de dólares en mejorar su campo de entrenamiento y
obtuvieron un retorno de 142.5 millones —un ratio de 1 a 95 que desafía cualquier modelo
económico tradicional. Boca Ratón, Florida, sede de la selección de Curazao, recibió
exposición mediática valorada en 120 millones de dólares con una inversión de apenas 2
millones, y sus reservas de turismo invernal aumentaron un 40% en los meses siguientes.
Si alguna ciudad mexicana no sede logra ser campo de entrenamiento de alguna selección
durante el torneo, podría replicarse este modelo de ganancia desproporcionada con baja
inversión. Es la única luz genuina en un panorama dominado por las sombras de la desigualdad
estructural. Pero para que eso ocurra, se necesita planeación estratégica, inversión inteligente y
visión a largo plazo, y no es prioridad.
El Mundial de 2026 en México es, en esencia, panem et circenses en su expresión más
contemporánea y sofisticada. Pan: los miles de millones de dólares que se mueven en la
economía del evento, aunque la inmensa mayoría se quede en manos extranjeras —FIFA,
patrocinadores globales, cadenas hoteleras internacionales, aerolíneas estadounidenses—.
Circenses: el espectáculo que une a 63 millones de aficionados mexicanos y ofrece al gobierno
una ventana de legitimidad internacional en medio de una crisis de seguridad sin precedentes
que amenaza con desbordar cualquier narrativa oficial.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad no es si el circo es divertido —lo es,
innegablemente, y nadie puede negar la magia indescriptible de un gol en el minuto 90—. La
pregunta es si, mientras aplaudimos de pie y cantamos el himno, alguien está revisando la letra

pequeña del contrato que firmamos sin leer. Porque en Roma, el pan eventualmente se acabó. Y
cuando el circo termina, lo que queda es el silencio incómodo de un pueblo que descubre que el
espectáculo nunca fue para él, sino para los que siempre cobran la entrada.

Preguntas de Reflexión para el Lector

  1. Si el 80% de los ingresos del Mundial se concentra en FIFA, patrocinadores y operadores
    internacionales, ¿puede considerarse un éxito económico para México? ¿Para quién es un
    éxito, entonces?
  2. ¿Hasta qué punto es legítimo que un gobierno utilice un evento deportivo como herramienta
    de distracción masiva en un contexto de crisis de seguridad? ¿Dónde termina la estrategia
    política y comienza la manipulación?
  3. Si las PYMES mexicanas enfrentan costos crecientes y rentabilidad decreciente durante el
    Mundial, ¿qué papel debería jugar el Estado para que los beneficios del evento no se
    concentren únicamente en grandes corporaciones y construyan un legado económico real
    para las comunidades locales?
    ¿Y usted, qué piensa?

Referencias Bibliográficas
 Deloitte. (2025). Economic impact of the FIFA World Cup 2026™. Deloitte Touche
Tohmatsu Limited. https://www.deloitte.com/global/en/issues/sport/world-cup-2026-
economic-impact.html
 FIFA. (2025). FIFA World Cup 2026™: Host cities and venues. Fédération Internationale
de Football Association.
https://www.fifa.com/fifaplus/en/tournaments/mens/worldcup/canadamexicousa2026
 Grant Thornton. (2026). Expectativas empresariales ante el Mundial 2026 en México. Grant
Thornton International Ltd. https://www.grantthornton.com/mx/es/insights/mundial-2026-
expectativas-empresariales.html
 Juvenal. (circa 100 d.C.). Sátiras (Sátira X).
 Nikkei Asia. (2026, mayo). Mexico’s World Cup infrastructure runs behind schedule.
Nikkei Inc. https://asia.nikkei.com/Business/Mexico-World-Cup-infrastructure-delays
 ProPublica. (2025). How FIFA makes money off the World Cup. ProPublica.
https://www.propublica.org/article/how-fifa-makes-money-world-cup
 Reuters. (2026). World Cup 2026 economic boost for United States estimated at $305
billion. Reuters. https://www.reuters.com/sports/soccer/world-cup-2026-us-economic-impact

Alejandro García Galván
El Colegio de la Frontera Norte, Dirección General de Asuntos Académicos.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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