El día de hoy 11 de junio, México vive un momento contradictorio. Por un lado, el gusto por la celebración del Mundial, por el juego de la selección y la esperanza de que gane la selección. Sin embargo, por otro lado, la preocupación y tristeza de presenciar la incapacidad y sordera para atender los reclamos sociales que se han fermentado desde hace años, y que lejos de solucionarse se han exacerbado. Ciertamente, los problemas no son de hoy, vienen desde hace tiempo. Los maestros hace tiempo que demandan la abrogación de la ley del 2007, las madres buscadoras y de desaparecidos, desde Calderón hasta la fecha, demandas la atención del gobierno y ante la sordera gubernamental, han asumido una tarea que corresponde al gobierno: la búsqueda de sus familiares. Sin embargo, lo que más preocupa en la actualidad es la desatención que sigue existiendo acerca de la solución para estos problemas y la cerrazón y la poca disponibilidad gubernamental para encontrar soluciones.
No deja de llamar la atención, el sabor agridulce que ha rodeado a estos eventos internacionales, realizado en nuestro país. En 1968, la inauguración de las olimpiadas, manchada por la matanza de Tlatelolco. En 1986, la protesta por la crisis y la desatención a los afectados por el sismo en 1985. Hoy las demandas más visibles son la de la CNTE, encabezada por profesores de Chiapas, Oaxaca y Guerrero, pero el que más duele y une a todo el país, es la protesta y demanda de las madres de los desaparecidos, en donde la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa sigue siendo la más conocida. No obstante, a la par de ellos hay miles de familias que siguen buscando a sus familiares. Los medios de comunicación, se han centrado en cubrir lo que acontece en la Ciudad de México, sin embargo, en otros Estados, como Nuevo León, Jalisco, Morelos y otros se han anunciado marchas de protesta también de las madres buscadoras y los maestros.
Aprovechar estos eventos mundiales, responde a visibilizar demandas que no han sido escuchadas y atendidas, durante un largo tiempo, así lo documentan algunas fuentes, (https://www.youtube.com/shorts/d2iMDZpK9e4). Aunque lo que distingue a la protesta actual es la cobertura que realizan no solo medios de comunicación sino cualquier ciudadano que tenga un celular y difunda imágenes, algunas de las cuáles se alejan de la realidad y pueden exacerbar la violencia para demeritar la movilización social, la mayor parte de ellas pacíficas, y, de esta manera, alimentar y justificar la represión gubernamental. Tanto el público en general, pero sobre todo el gobierno, en todos sus niveles, deben de tener la capacidad para evitar provocaciones, como la registrada durante el partido en una de las entradas al estadio (https://www.facebook.com/reel/2178035972982606), que nada tiene que ver con las protestas sociales.
Si bien, hasta la fecha la entidad gubernamental no ha recurrido abiertamente a la represión, las estrategias que ha utilizado para controlar estas demandas no han sido las más adecuadas. Primero, tratar de ocultar la problemática social, bloqueando su ingreso a lugares como el Zócalo nacional o bien en las cercanías del Estadio Azteca, en lugar de aceptar reunirse con ellos, incrementa el enojo social de no ser escuchados. Pero sobre todo blindar estos espacios con el ejército y policías no ayuda en nada, y mucho menos constituye una solución, porque aunque se ha enfatizado que están desarmados, en la memoria colectiva persiste visualizarlo como el brazo represor del Estado. Por otro lado: encapsular movilizaciones como las de los estudiantes de Ayotzinapa, de las madres buscadoras e impedir la entrada a espacios públicos, violando el derecho de libre tránsito, o colocando mallas en colonias precarias como Nuevo León (https://www.facebook.com/watch/?v=861597123178427), negando problemáticas sociales, no soluciona sino incrementa el descontento social.
El clima social en México está muy encendido, y polarizado, urge que se delinee una alternativa para comenzar a destrabar situaciones tan álgidas que de lo contrario pueden llegar a extenderse a otros sectores, como George Rudé, historiador francés, lo mencionó, los problemas compartidos pueden detonar la manifestación masiva, y con ello, complicar más la situación del país. La primera acción en este momento tan difícil parecería ser la definición inmediata de reuniones entre gobierno y demandantes, en lugar de evitarlos, para escuchar, discutir e implementar acciones, y no solo ofrecimientos, que muestren la decisión de solucionar las demandas en lugar de ignorarlas o quererlas apagar. A pesar de que la conciliación, en un país como México, no es la característica que distinga a la solución de conflictos y desacuerdos entre gobierno y ciudadanos, hoy se constituye en la una de las pocas alternativas, que se visualiza para recuperar la paz social en nuestro país.
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