Marcha atrás: “resarcimiento” del INCA Rural

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Opinión de José Zavala Álvarez Investigador de El Colegio de la Frontera Norte

martes 18 de agosto de 2026

l pasado 10 de agosto, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) presentó la apertura del Centro Nacional de Capacitación para la Transformación del Campo Mexicano “Elvia Carrillo Puerto”, al que su titular, la Ingeniera Agrónoma por la UAM Xochimilco, Columba Jazmín Lopez Gutiérrez, calificó como un “acto de resarcimiento y justicia histórica tras la desaparición del Instituto Nacional para el Desarrollo de Capacidades del Sector Rural” (INCA Rural). El nuevo espacio, instalado en la colonia Escandón de la Ciudad de México, recibió el acervo documental del antiguo Instituto con el propósito, según, de “fortalecer la formación de los agentes del medio rural”.

Resulta difícil, todavía, sostener que se trata de un resarcimiento genuino cuando los elementos sustantivos que dieron contenido al INCA Rural no han sido restaurados. Resarcir no es cambiar el nombre ni mudar unos libros. Un resarcimiento auténtico exige, al menos, tres condiciones: que se restituya el presupuesto que le fue recortado, que se reincorpore al personal despedido y que se recupere la capacidad operativa que el INCA tuvo en sus mejores años. Ninguna de esas condiciones se cumple con la simple inauguración del nuevo centro. Ni la creación del nuevo Centro ha sido publicada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) ni se conocen más detalles.

El 6 de mayo de 2025, el entonces secretario de SADER Julio Berdegué Sacristán notificó a los trabajadores del INCA Rural su disolución, unilateralmente, sin diálogo alguno con el personal ni con el sindicato. La decisión afectó a cerca de un centenar de empleados de base, colaboradores de confianza y personal por honorarios, aunque el INCA llegó a contar con cerca de quinientos trabajadores sindicalizados en su momento de mayor despliegue. El presupuesto aprobado para 2025 ya solo tenía 34 millones de pesos, una cifra exigua para atender las necesidades de capacitación y extensionismo del campo mexicano. La “disolución” publicada en el DOF el 9 de septiembre de 2025 formalizó la extinción, argumentando que el Instituto “había dejado de cumplir los fines para los que fue creado”, a ese estado de inanición lo habían llevado con deliberado propósito. El procedimiento fue, en todo caso, una imposición burocrática, equivocada e intencional.

El nuevo centro se presenta como una corrección de rumbo. Pero ¿realmente estamos ante un “resarcimiento” o ante una simulación? Si el presupuesto asignado sigue siendo exiguo, si el personal despedido no se recontrata y si la trascendencia territorial que el INCA logró construir -con sedes en Puebla, Mérida, Estado de México y Zacatecas- se reduce a una oficina central en la capital, entonces lo que tenemos es una operación de imagen, no una política de Estado.

La historia institucional del sector agropecuario en México tienen ejemplos de organismos que fueron vaciados de contenido antes de ser oficialmente extintos, el Fideicomiso de Riesgo Compartido (FIRCO) y la Comisión Nacional de Zonas Áridas (CONAZA) son casos recientes que ilustran esa trayectoria. Pero lo que resulta especialmente revelador es que quienes orquestaron esos desmantelamientos -y el del INCA Rural en particular- no han salido de escena. Por el contrario, los mismos cuadros burocráticos que durante el foxismo pretendieron desaparecer al INIFAP y al Colegio de Postgraduados, y que en esta administración ejecutaron la liquidación del INCA, continúan ocupando espacios decisorios en el gobierno del segundo piso de la 4T. No han cambiado de credo, solo han cambiado de oficina. La ironía -si no fuera tan costosa para el campo- es que ahora se les asigna la tarea de restaurar lo que ellos mismos demolieron. Como he señalado anteriormente (https://jornadabc.com.mx/tijuana/9-5-2025/desaparicion-del-inca-rural-los-anti4t-de-la-4t/), estos personajes transitan con comodidad entre administraciones de distinto signo, reciclándose en los cargos directivos, su obstinación es la misma: desmantelar la institucionalidad de apoyo al medio rural, ya sea por convicción o por inercia, da lo mismo.

No se trata de un asunto menor ni de una disputa gremial. La soberanía alimentaria se construye con instituciones y organismos sólidos, con presupuesto suficiente, con personal calificado y con presencia efectiva en el territorio. Si quienes hoy ocupan los mas altos mandos en la SADER, y la propia presidenta Sheinbaum, aspiran realmente a corregir el rumbo, deberán restaurar plenamente el INCA Rural y otros organismos que tienen en inanición como CONAZA, FIRCO, INIFAP (Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias). Si no lo hacen el anuncio de creación del “No- nuevo” centro, solo sostendrá la misma lógica de simulación que tanto daño ha causado al campo mexicano. Mientras los mismos personajes del daño sigan en sus puestos -o en otros “al lado”-, cualquier anuncio de “resarcimiento” solo puede ser recibido con el derecho a la duda.

José Zavala Álvarez
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Mexicali.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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