Introducción:
La diplomacia internacional, a menudo descrita en los libros de texto como un baile elegante de protocolos y tratados, se parece mucho más a un juego de niños que, con el tiempo, se ha vuelto peligroso. Imaginemos una partida de matatena en el centro de una mesa global: los jugadores son Estados Unidos e Irán. Cada uno, con una mano, intenta recoger las piezas —activos financieros, control territorial, prestigio político— mientras, con la otra, lanza manotazos rápidos para bloquear al oponente. Es un juego de agilidad y nervios, donde cualquier movimiento en falso puede hacer que la mesa entera se desplome.
En este tablero, el escenario es el Estrecho de Ormuz, un pasillo marítimo por el cual fluye la sangre energética del mundo. Durante la semana del 16 al 23 de junio de 2026, el mundo ha sido espectador de una coreografía tensa y, por momentos, caótica. Las negociaciones técnicas en Suiza no han sido, como algunos optimistas sugirieron, el anuncio de una paz definitiva, sino una reconfiguración de la confrontación. Pero, como en toda buena tragedia, la partida no es solo entre dos. Hay un tercer actor en la mesa que, lejos de jugar bajo las reglas acordadas, se dedica a lanzar la pelota lejos cada vez que el juego parece alcanzar una estabilidad precaria. Israel, el tercero en discordia, se ha convertido en el elemento disruptivo que obliga a todos los demás a recalibrar sus cálculos.
El juego de las piezas y el control de los recursos
Para entender el conflicto, debemos mirar lo que está en juego. Los 12,000 millones de dólares en activos iraníes congelados no son simplemente números en una cuenta bancaria; son, en términos de matatena, la pieza dorada. Para Washington, estos fondos son una herramienta de presión. La administración estadounidense busca lo que denominan una «arquitectura de condicionalidad»: liberar el dinero, sí, pero bajo la promesa rígida de que será utilizado únicamente para comprar bienes agrícolas y humanitarios. La lógica es clara: evitar que el capital nutra la maquinaria militar iraní o a sus grupos aliados.
Sin embargo, para Teherán, aceptar esta condicionalidad es un golpe a su soberanía. Para un régimen que ha construido su identidad política sobre la resistencia y la autosuficiencia, ceder el control sobre cómo gastar sus propios fondos es una afrenta inaceptable. El tira y afloja por estos recursos es el primer «manotazo» del juego. Cada parte sabe que si cede demasiado, pierde su credibilidad interna; si no cede nada, el conflicto escala a niveles que podrían arrastrar a ambos a una guerra abierta que ninguno, al menos de momento, puede permitirse ganar.
Ormuz: La llave de la economía global
Si los fondos son la pieza dorada, el Estrecho de Ormuz es el tablero mismo. Es aquí donde la retórica se vuelve real. El jefe negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha sido tajante: el control del canal, por donde transita un quinto de las exportaciones mundiales de petróleo, «no volverá al statu quo anterior». Teherán entiende que el flujo constante de supertanques hacia los mercados occidentales es su carta más poderosa.
Cada vez que un barco atraviesa el estrecho bajo la mirada de las fragatas iraníes, es una victoria simbólica para Teherán. Es un recordatorio de que la libertad de navegación, que Washington considera un derecho innegociable, es en realidad un privilegio que Irán puede regular. El hecho de que los precios del petróleo hayan reaccionado a la baja recientemente no indica que la amenaza haya desaparecido; refleja simplemente el alivio temporal ante una tregua técnica. Es la calma tensa que precede a un nuevo manotazo, un recordatorio de que, en la matatena geopolítica, el que controla el acceso al tablero dicta los términos de la partida.
Israel: El inoportuno que patea el tablero
En este contexto, la presencia de Israel como tercer actor cambia toda la dinámica. Si E.U. e Irán juegan a la matatena con una lógica de suma cero, Israel juega bajo la lógica de la supervivencia estratégica. Para Jerusalén, cualquier acuerdo entre Washington y Teherán es, por definición, una amenaza. Una desescalada que permita a Irán respirar financieramente y estabilizar su posición regional es vista como una derrota estratégica para la seguridad israelí.
Por ello, Israel actúa como el inoportuno. Mientras los diplomáticos en Suiza redactan párrafos técnicos sobre la paz en el Líbano, Israel continúa su operación militar en el terreno. El reciente asesinato de civiles en Nabatiyeh al-Fawqa no fue un error táctico; fue un mensaje político claro. Con cada acción de este tipo, Israel obliga a Irán a reaccionar, forzando a los negociadores a abandonar la mesa técnica y responder a la urgencia militar. Es la estrategia de «patear la mesa»: si el juego no me favorece, hago que el juego sea imposible para todos.
Esta táctica coloca a Washington en una posición incómoda. La administración estadounidense se encuentra en un equilibrio imposible: necesita mantener a Israel como su aliado más cercano en la región, pero al mismo tiempo necesita que Israel se mantenga al margen de las negociaciones con Irán para poder alcanzar una desescalada. La dificultad de esta tarea se multiplica con la retórica de figuras como Donald Trump, cuya postura agresiva y a menudo impredecible sobre el conflicto hace que cualquier avance diplomático se sienta como una estructura construida sobre arena.
La fragilidad del equilibrio
Al observar los eventos de la semana, queda claro que la «paz» en la región es, en el mejor de los casos, una pausa estratégica. La dinámica de manotazos constantes —donde un ataque en el terreno en el Líbano responde a una propuesta de paz en Suiza, y donde una amenaza de aranceles desde Estados Unidos responde a la incautación de un cargamento de armas por parte de México— crea un ambiente de desconfianza profunda.
Educarnos sobre estos acontecimientos implica aceptar que no hay soluciones mágicas ni finales felices inmediatos. La geopolítica del Golfo es un sistema complejo de intereses contrapuestos donde el error de cálculo es constante. La «Matatena de Ormuz» nos enseña que, en un mundo interconectado, las piezas no son aisladas: lo que sucede en el sur del Líbano afecta el precio de la gasolina en una gasolinera en Kansas, y lo que se acuerda en una sala de reuniones en Suiza tiene repercusiones directas en las calles de Sinaloa, donde el control de los precursores químicos y el tráfico de armas se entrelazan con esta misma red de tensiones globales.
Reflexiones finales
El análisis de esta semana nos invita a ver más allá de los titulares. Nos obliga a entender que la política exterior de las grandes potencias no solo se rige por valores, sino por una cruda gestión de riesgos. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar que la estabilidad de los precios energéticos dependa de la capacidad de contención de un régimen sancionador? ¿Es posible, en un mundo tan polarizado, que un mediador externo logre verdaderamente poner orden cuando uno de los jugadores principales tiene un interés estratégico en que la partida nunca termine?
Finalmente, debemos cuestionar el rol de las alianzas. ¿Son estas una fuente de seguridad, o se han convertido en un lastre que arrastra a las potencias hacia conflictos que prefieren evitar? La partida de la matatena sigue su curso. Las piezas siguen en la mesa, las manos siguen moviéndose con velocidad frenética y, en cualquier momento, un nuevo movimiento inoportuno podría obligar a todos los jugadores a recoger sus piezas y abandonar la mesa, dejando el tablero, una vez más, en manos del caos.
Tres preguntas para no dormir tranquilos
- ¿Es posible lograr una paz duradera en una región donde los actores utilizan la inestabilidad como herramienta de negociación política?
- Considerando el rol de Israel como el «tercero en discordia», ¿debería Estados Unidos priorizar sus intereses de desescalada global sobre sus alianzas regionales, o es esta una falsa dicotomía?
- Ante la interdependencia económica global, ¿qué responsabilidad tienen las potencias en asegurar que la soberanía de los recursos de un país no sea utilizada como moneda de cambio para el financiamiento de conflictos armados?
¿Y usted, qué piensa?
Referencias Bibliográficas
- Al Jazeera. (2026, June 23). Iran says technical talks with US in Switzerland conclude successfully. https://aljazeera.com/news/2026/6/23/iran-says-technical-talks-with-us-in-switzerland-conclude-successfully
- Associated Press. (2026, June 23). Vance says talks with Iranian officials set good foundation for deal to end war. KOLD News. https://kold.com/2026/06/23/vance-says-talks-with-iranian-officials-set-good-foundation-deal-end-war/
- Euromaidan Press. (2026, June 23). The fuel blockade tightens: Kerch struck again, power knocked out across occupied Crimea. https://euromaidanpress.com/2026/06/23/the-fuel-blockade-tightens-kerch-struck-again-power-knocked-out-across-occupied-crimea/
- Infobae. (2026, June 23). Embajador Ronald Johnson destaca el decomiso de 24 mil litros de metanfetamina líquida en Sinaloa. https://infobae.com/mexico/2026/06/23/embajador-ronald-johnson-destaca-el-decomiso-de-24-mil-litros-de-metanfetamina-liquida-en-sinaloa/
- NPR News. (2026, June 23). Iran’s president heads to Pakistan as U.S.-Iran teams work on war-ending deal. WWNO. https://wwno.org/npr-news/2026-06-23/irans-president-heads-to-pakistan-as-u-s-iran-teams-work-on-war-ending-deal
- Xeva Noticias. (2026, June 23). Sheinbaum confía en lograr acuerdo con EE.UU. antes de 1 de agosto para frenar nuevo arancel. https://xeva.com.mx/nacional/265908/sheinbaum-confia-en-lograr-acuerdo-con-eeuu-antes-de-1-de-agosto-para-frenar-nuevo-arancel
Alejandro García Galván
El Colegio de la Frontera Norte, Dirección General de Asuntos Académicos.
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