Un punto que debe estar en las reflexiones de los analistas políticos y de la sociedad en general
es la idea de la justicia distributiva, y la dignificación de sectores históricamente olvidados.
Cuando analizamos las estrategias del partido en el poder —el cual enfoca sus políticas y
recursos en la población más vulnerable a través de apoyos económicos directos—, la lectura que
debemos dar a la abstención electoral y al voto ciudadano cambia radicalmente.
Me explico mejor. En este contexto, debemos tener dos miradores sobre la cultura política que
está emergiendo en el ciudadano. El primero es el voto de gratitud y de generación de identidad
de clase. Aquí, para los sectores vulnerables que ahora reciben apoyos, el voto deja de ser una
perspectiva abstracta para convertirse en algo tangible que impacta día a día; por lo que al
partido en el poder no le hace falta convencer a toda la población, le basta con movilizar a este
sector. Es decir, para estos ciudadanos, votar es un acto de defensa propia y de agradecimiento,
lo que consolida una base electoral sólida que contrasta con la apatía del abstencionista.
El segundo mirador es la abstención electoral de los sectores “no beneficiados” por esta justicia
distributiva, lo cual refleja una desconexión de las clases medias y altas. Estos sectores no viven
de apoyos directos, eso queda claro, pero critican la política económica del gobierno en turno y
caer en el desinterés político. Esta desmovilización por resignación empieza a emerger en las
clases medias u otros grupos sociales, cuando perciben que el respaldo de los sectores
1 Académica de El Colegio de la Frontera Norte, A. C. Correo electrónico: coutigno@colef.mx
vulnerables hacia el partido gobernante es masivo e irreversible, debido a los programas sociales.
Entonces, muchos ciudadanos deciden no votar al asumir que su voto individual no cambiará un
resultado que consideran predecible. A esto se suma, por supuesto, la percepción de que la
oposición está desarticulada y no ofrece una alternativa real, por lo que prefieren abstenerse en
lugar de votar por partidos que ya demostraron fallarles en el pasado.
Aquí es donde surge el gran dilema ético y político de nuestro tiempo: ¿qué pesa más, el
bienestar material inmediato o las formalidades de la democracia? Para una familia que lucha por
salir adelante, las discusiones sobre la división de poderes, la buena gobernanza o los
contrapesos institucionales pasan a un segundo plano. Primero está comer, curarse y estudiar. El
alivio material inmediato aplasta a las abstracciones del sistema. No obstante, la crítica legítima
no se hace esperar, si un solo partido monopoliza el poder gracias a la combinación de apoyos
sociales y la alta abstención de los demás sectores, la pluralidad democrática corre un riesgo
severo.
La pregunta que surge es: ¿los programas sociales directos fortalecen o debilitan la cultura
democrática? La respuesta no es fácil, además de que admite diversos puntos de vista para
explicar cómo se transforma culturalmente la relación entre el ciudadano, el dinero público y el
voto. Desde mi perspectiva, el dilema radica en identificar la diferencia entre asistencialismo y
justicia social por parte de la ciudadanía en general, y si él logra entender que los apoyos
económicos son solo una plataforma temporal que sirve para lograr sus metas o necesidades
(salud, seguridad, educación), la democracia se fortalece.
Por ello, el impacto de los programas sociales directos en un sistema democrático no puede
juzgarse bajo una lógica binaria (buenos o malos). Es innegable que atender las necesidades de
los sectores históricamente vulnerados es un acto de justicia distributiva elemental, y desde esta
perspectiva, la redistribución del ingreso es una condición indispensable para brindar las
condiciones que el sistema democrático ha prometido al conjunto de la sociedad.
Sin embargo, el riesgo democrático se incrementa cuando el bienestar material se confunde con
la subordinación política.
Ana Claudia Coutigno Ramírez
El Colegio de la Frontera Norte, Secretaría General Académica.
| Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte. | |
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