Opinión de Alejandro Monsiváis Carrillo Investigador de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 14 de mayo de 2026

La democracia en el mundo parece que no pasa por un buen momento. Durante los últimos años, numerosos estudios han alertado, con mayor o menor sentido de urgencia, de los retrocesos que ha sufrido la democracia en muchos países. Algunos especialistas, en cambio, sugieren cautela. Consideran que la información que se tiene para formular tales afirmaciones es insuficiente o incluso inapropiada. No ponen en duda que haya países en los que la democracia se ha debilitado significativamente, pero sí que se trata de un fenómeno generalizado, que avanza de forma inexorable. Para mucha gente, en cambio, la relevancia de este tema no es clara. Sus preocupaciones son de otra índole. Más aún, si las cosas van como quisieran, es probable que piensen que la democracia va bien.  Si las cosas van mal, posiblemente pensarán que la democracia en su país funciona mal o, simplemente, que un país o una sociedad violentos, inciertos y desiguales no puede ser una democracia.

La democracia es un término semánticamente denso. Suele ser una fuente de inspiración para la imaginación política y la acción colectiva. Con frecuencia también está presente en las controversias políticas del día a día, se puede aplicar prácticamente a cualquier propósito y se adapta de tal manera que apoya cualquier punto de vista que se prefiera. Siempre está bien visto que algo sea “democrático” y “democratizar” es una tarea a la que difícilmente se le pueden poner reparos. En pocas palabras, a la democracia se le suelen atribuir múltiples significados y usos disímiles.

Sirvan entonces estas notas para aclarar qué es la democracia en su sentido esencial: la democracia es un tipo de régimen político. No es un tipo de “Estado” ni un tipo de gobierno.  El Estado es una organización política que incluye al régimen político como uno de sus elementos. El gobierno abarca, al mismo tiempo, al conjunto de agentes que ejercen la autoridad pública y a la estructura administrativa de la que se valen para ejercer esa autoridad. El régimen político, en cambio, equivale a “las reglas del juego”: es el conjunto de instituciones que establecen cómo se accede a los puestos de autoridad política, quiénes pueden hacerlo y bajo qué condiciones, y cómo deben adoptarse las decisiones políticas.

Si la democracia es un régimen político, su característica distintiva es el reconocimiento de que cada persona es un fin en sí misma, moralmente autónoma y con el mismo derecho que cualquier otra a participar en la vida pública. La democracia es el régimen que hace compatibles el ejercicio del poder y de la autoridad políticos con los principios de libertad e igualdad de las personas que forman parte de la comunidad política. En otras palabras, el régimen democrático equivale a las únicas “reglas del juego” que pueden lograr que el poder político rinda cuentas al “pueblo”, a la pluralidad de intereses y visiones de la ciudadanía en su conjunto.

Ahora bien, esto es posible si y solo si se cumplen, en la práctica, las siguientes condiciones: todas las personas adultas del país tienen derecho a votar y ser votadas; los poderes ejecutivo y legislativo nacionales son electos en comicios libres de violencia, coerción o condicionamiento del voto, y se conducen bajo reglas que establecen un “piso parejo” de competencia por el voto popular; existe libertad para formar asociaciones, organizaciones sociales y partidos políticos; la gente puede expresar sus opiniones políticas libremente y sin temor a represalias; y existen diversas fuentes de información y un ecosistema diverso de medios de información.

Bien se ha dicho que la democracia puede ser mucho más que “las reglas del juego” recién mencionadas. El punto está en que no puede ser nada menos. Esas “reglas del juego” son indispensables para promover que los gobernantes se conduzcan con responsabilidad política y respondan a las demandas de una sociedad plural y en constante transformación. 

Alejandro Monsiváis Carrillo
El Colegio de la Frontera Norte, Departamento de Estudios de Administración Pública.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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