Estados Unidos en la Encrucijada

Por Olivia Ruiz

Investigadora

Publicado en La Jornada

Las escenas del asalto al Capitolio de Estados Unidos por grupos de extrema derecha y supremacía blanca y las imágenes de la bandera de la confederación esclavista erizada en los pasillos del Congreso recuerdan una vez más la historia de atropello y rapiña en que se fundó el país.  Evocan la violencia fundacional contra comunidades de color: la vena abierta de Estados Unidos, parafraseando a Eduardo Galeano.  De manera igual, los 147 congresistas Republicanos que unas hora después de la embestida hicieron eco de las infundadas acusaciones de fraude electoral hechas por Donald Trump (por ende, de los que participaron en la insurrección) y rehusaron aceptar el resultado de la contienda presidencial, desenmascararon la extensión de la amenaza al desarrollo de una sociedad más justa.

Dado lo sucedido, y la develación de planes para otros próximos asaltos, es entendible que la atención se centre en el asalto y sus secuelas a expensas de otros hechos, incluso aquellos de especial significancia para la reparación de esa original violencia nacional.  Me estoy refiriendo a la elección de John Ossoff y Raphael Warnock al Senado de los Estados Unidos, ambos del partido demócrata del estado sureño de Georgia. 

La elección de John Warnock puede considerarse un parte aguas. Es la primera persona Negra en la historia de Georgia para llegar a ese puesto, donde será uno de tres senadores Negros.  Eso ya es un logro, pero su ascenso es todavía más significativo dado su activismo por la justicia racial. Doctor en Teología, durante años fue pastor en la histórica iglesia Ebenezer Baptist Church, hogar espiritual de Martin Luther King.  Siguiendo los pasos de su antecesor, a lo largo de su carrera ha trabajado y luchado a favor de los derechos civiles, la equidad de protección bajo la ley, el servicio de salud asequible, y el derecho al voto.  Que haya ascendido al club más exclusivo y poderoso de Estados Unidos es significativo, que lo haya hecho representando el estado de Georgia lo es aún más.  

En la larga historia nacional de atropellos contra las poblaciones de color, especialmente la afroamericana, Georgia ocupa un lugar central.  Ubicado en el corazón del Sur Profundo, se desarrolló en base a la esclavitud y reprodujo la institución hasta detonarse la guerra civil.  La esclavitud se estableció desde temprano en su historia, empezando con la sumisión de los indígenas, y seguido por la esclavitud de africanos y sus descendientes.  De hecho, la ciudad de Savannah (en la costa oriental) fue uno de los puertos más importantes para el comercio de seres humanos en el país, incluso después de la prohibición del tráfico en 1807.  Desde luego, el estado opto por separarse al estallar la guerra civil, y fue el último en regresar a la unión.  No obstante la derrota, la violencia racial se atrincheró en Georgia, reflejado en el número de linchamientos —el segundo más alto en la región—, casi todos de hombres negros. Tampoco sorprende que por años haya enviado férreos segregacionistas al Congreso y que un gobernador suyo, George Wallace, haya sido uno de los más beligerantes opositores a la integración racial durante las luchas por los derechos civiles en la segunda parte del siglo xx.  En pocas palabras, la historia de Georgia evidencia la funesta historia de violencia racial del país.

Y es precisamente por eso que la coincidencia del asalto al Capitolio y las elecciones en Georgia la semana pasada sea tan significativa.  Los dos hechos reflejan vetas históricas, pero una regurgita la historia más trágica de la nación, ejemplificada en el pasado de Georgia; la otra, revelada en la elección de John Warnock, representa un paso hacia la reparación de la grave injusticia racial original.  La pregunta ahora es: ¿Cual de las dos tendrá mas peso en el futuro de la nación?

Dra. Olivia Ruiz

El Colegio de la Frontera Norte

Publicado el: 14/01/2021