La película La Odisea, de Christopher Nolan, ha generado una amplia discusión pública.
Está inspirada en un poema épico del siglo VIII a.C., cuya autoría se le atribuye al poeta
griego Homero, desde hace casi 30 siglos. Muchos alaban al cineasta por su interpretación
de La Odisea de Homero.** Otros lo critican por no seguir a pie juntillas el guion de la
obra, respetando la estructura de los 24 cantos que lo integran, la intervención constante de
los dioses, el uso de expresiones homéricas, la representación de sus monstruos y el
desenlace violento del asunto en el clímax de la trama (Canto XXIV). No soy partícipe de
esa discusión, pero sí me sirvo de la ocasión para comentar algunos de los muchos
elementos significativos de la obra que tienen una pertinencia destacada en nuestros días.
En su poema de 24 cantos, o rapsodias, Homero pinta con pinceladas indelebles al héroe
de la guerra de los griegos Menelao y Agamenón contra Troya. Ulises es retratado en toda
su humanidad en un relato inspirador que trasciende el tiempo (milenios) y el espacio
(países) en el que se detallan las peripecias enfrentadas en su retorno a Ítaca, después de
diez años de guerra. Ulises padece un viacrucis en su regreso a casa, navegando en el lomo
de enfurecidas y gigantescas olas de profundos y bravos mares e islas desconocidas,
trayecto durante el cual destacan el valor trascendente del esfuerzo y la perseverancia, entre
otras virtudes necesarias para enfrentar los retos y las pasiones humanas.
Como decía mi abuelita: para muestra, un botón. Por esta ocasión presento tres.
Tras una década de no poder derrotar a Troya, Ulises propone al jefe de los ejércitos
griegos, Agamenón, una estratagema de engaño y astucia: la construcción de un gigantesco
caballo de madera preñado con los mejores guerreros y presentárselo a Príamo, rey de
Troya, como un gesto de paz, a la vez que concentraban a sus ejércitos en un lugar cercano,
no visible desde las alturas de Troya. Los troyanos, creyéndose ganadores, metieron el
engañoso regalo de madera y festejaron hasta el cansancio. Cuando se durmieron, los
griegos salieron de las entrañas del caballo, abrieron los portones a sus ejércitos y
destruyeron a Troya. Este pasaje, relatado en el Canto VIII, muestra cómo el ingenio puede
resolver lo que la fuerza bruta, o un prolongado asedio, no logra. La astucia de Ulises
posibilitó la derrota de Troya. Desde entonces la expresión del Caballo de Troya es referida
a estratagemas perniciosos.
Terminada la guerra, Ulises emprende su regreso a Ítaca. El Canto IX describe el
enfrentamiento que tuvo con el cíclope Polifemo; la astucia y el ingenio de Ulises derrotan
a la fuerza descomunal del monstruo. Extasiado, Ulises tiene una expresión reprobable de
hybris (orgullo desmedido, vanidad) que le causa daño posteriormente, lo cual lo hace
reflexionar sobre la importancia de la templanza. El Capítulo X narra la metáfora del
“Canto de las Sirenas”. La diosa Circe alerta a Ulises sobre el peligro mortal de escuchar el
seductor canto al pasar el barco por el sitio donde estaban. El prudente Ulises ordena a sus
hombres taparse los oídos con cera, y con admirable fuerza de voluntad instruyó atarlo a él
fuertemente al mástil del barco sin poder moverse; quería escuchar y conocer el tamaño del
peligro, experimentando un deseo irrefrenable de nadar hacia ellas, pero sus compañeros lo
sujetan con fuerza hasta dejar atrás el peligro. Esta metáfora alude a precaverse de halagos,
tentaciones y promesas falsas que intentan engañar, seducir o manipular.
Así, cada uno de los 24 cantos refieren las consecuencias derivadas de la conducta del
héroe ante las condiciones enfrentadas. La Odisea, un libro para el siglo XXI.
Rodrigo Martínez Sandoval
El Colegio de la Frontera Norte, Secretaría General de Planeación y Desarrollo Institucional.
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