El trabajo conjunto y el respeto al otro en la academia.

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Opinión de Cirila Quintero Ramírez Investigadora de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 5 de febrero de 2026

En memoria del Dr. Jorge Carrillo Viveros.
Que en paz descanse.

El domingo 1 de febrero murió el Dr. Jorge Carrillo, miembro del grupo fundador de El Colegio de la Frontera Norte. Su muerte fue inesperada y muy sentida. Much@s colegas, y asociaciones académicas, nos hemos unido a la pena de su esposa y su familia, y es que Jorge formaba parte de nuestro círculo cercano de amig@s con los que iniciamos y consolidamos nuestra carrera como investigador@s de la frontera, cada un@ a su manera puede contar distintas anécdotas de su trabajo, de la convivencia con él, yo escribo sobre la mía. 

Conocí a Jorge en los patios de El Colegio de México en 1987, en ese tiempo, él terminaba sus estudios doctorales, yo estaba por iniciar mi tesis de maestría. Conocerlo me lleno de emoción porque ya lo había leído, como estudiante, y me parecían muy interesantes sus estudios. Conocí la frontera, la maquila por los escritos de Jorge. De ellos derive mi preocupación sobre los sindicatos, al conocer que solo el 5% de los trabajador@s de Tijuana estaban sindicalizad@s. Más tarde, yo daría cuenta de que sí había sindicatos, el 28% estaba sindicalizado, pero eran sindicatos subordinados al patrón, a los que se les llamaría “sindicatos de protección” de manera genérica. Terminada la tesis, me encontré a Jorge, me preguntó de como había llegado a esa conclusión, le parecía cuestionable, le conté de mis metodologías poco usuales para recopilar mi información, entrevistas con líderes, a deshoras, revisión de archivos en la JLCA, en donde pude atestiguar, de manera fortuita, el proceso de sindicalización subordinada, Jorge escuchó atento, pero aún dudoso. Años más tarde, en un evento, me lo encontraría y me diría “ya comprobé que todo lo que dices es cierto”, ¡Felicidades! Ese era Jorge, el académico que escuchaba, investigaba y sin problema, reconocía el trabajo del otro.

Pero no solo era el reconocimiento, sino el respeto al trabajo de otro, a pesar de las diferencias en nuestro punto de vista. Con los años, Jorge se centro más en la parte empresarial, en los avances industriales, le fascinaba la tecnología, como se robotizaba, los avances en la ingeniería; por mi parte, me concentre en los trabajadores, en los sindicatos, nuestro enfoque no podría ser más contrastante, mientras él, en trabajo con otros colegas, escribía sobre el avance industrial en las maquiladoras, acuñando término como la teoría de las generaciones en la maquila, mencionando el industrial upgrading, yo le decía, esta vez la escéptica, era yo, que la experiencia de estas empresas era mínima, que la mayoría seguía siendo muy tradicional, que a la par del industrial upgrading , habría que mencionar el social downgrading, que se registraba en la maquiladora.  Solo me escuchaba, nunca me descalificó, por el contrario, me invitó a varios eventos, en donde ambos exponíamos nuestras investigaciones, y cada uno desde su perspectiva exponía sus resultados. Alguna vez, en un evento, organizado en el COLEF-Tijuana, en donde Jorge inició con los avances en la maquila y yo culminé con los costos sociales de la maquila, alguien me pregunto: ¿y trabajan en la misma institución? Le respondí: sí, esa es la riqueza y apertura de el COLEF, en donde cada un@ puede presentar su punto de vista, fundamentado académicamente, sin censura. 

El respeto hacia el trabajo de otr@s colegas también quedó de manifiesto en el trabajo conjunto que hizo Jorge con muchos compañer@s con los que coautoreo, yo solo participé con él, en un texto escrito con Alfredo Hualde, sobre la historia de maquila y participé en algunos libros que él coordinó.  En estas colaboraciones, Jorge expresaba cuál era el objetivo del capítulo, artículo o libro, y cada uno aportábamos nuestras ideas o textos. Jorge hacia observaciones de estilo, leía todos los textos con atención, lo mismo que los trabajos de sus estudiantes, le gustaba que “se escribiera bien”, pero jamás, al menos en mi caso, me obligó a cambiar mis ideas, o a pensar de la forma en que el quería. Eso tan raro en la academia, sin duda, hay que reconocerlo, porque da cuenta del respeto al otro y como los textos pueden enriquecerse con la visión conjunta.  

La mesura en las discusiones también fue otra de sus características, me tocó compartir cargos directivos al interior de El COLEF con él, y muchos eventos, mientras muchos nos apasionábamos, en las discusiones, el daba comentarios que invitaban a la mesura; me toco asistir a eventos, en los que era cuestionado de manera grosera por otros académicos, y Jorge nunca cayó en la provocación, únicamente escuchaba, me parece que en el fondo era porque sabía que no valía la pena desgastarse en discusiones viscerales. Eso me ha costado mucho trabajo, pero le pongo ganas para hacerlo. 

Finalmente, en nuestra última plática, degustando un rico cabrito en Monterrey, Jorge me habló de su recomendación para ingresar a un red de académicos canadienses,  misma que le agradecí, de lo importante que era dar a conocer nuestros estudios a nivel internacional, me comentó de nuevos proyectos que tenía en mente y de seguir viajando, algo que disfrutaba enormemente. Al día siguiente, en un conversatorio sobre el TMEC al que asistíamos, se lo presente a un joven investigador como: “el Dr. Jorge Carrillo, Deán de la maquiladora”, el simplemente sonrió. Creo que le queda más que bien el título. Un saludo hasta el cielo Jorge, por aquí seguimos estudiando a la maquila, y sus trabajadores, “porque super urge”, como tu decías. 

Cirila Quintero Ramírez
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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