En julio próximo se celebrará la revisión del TMEC para evaluar su continuidad, o realizar los ajustes necesarios que se consideren. Su continuidad parece estar asegurada, no he leído en alguna publicación, que se mencione su cancelación. La relevancia del TMEC resulta nodal para algunas industrias claves para la economía estadounidense, como la automotriz. En esta industria, los acuerdos comerciales iniciados con Canadá a finales de los ochenta (Free Trade Agreement) (FTA), y después con México con 1994 con el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), y más recientemente con el TMEC (2020), han resultado centrales para su sobrevivencia. Una de las principales beneficiarias de estos acuerdos, sin duda, ha sido la industria automotriz de Estados Unidos que ha usado la mano de obrera mexicana y canadiense para disminuir los altos costos salariales en Estados Unidos, pero también ha utilizado el territorio de América del Norte para movilizar sus instalaciones sin problema. La movilización, con la complacencia de los gobiernos, y con escasas sanciones, ha sido no solo a través de los países, sino al interior del mismo Estados Unidos, de espacios sindicalizados y con salarios altos (Brown fields) a espacios sin sindicatos y salarios más bajos, green fields, como Texas. En ese sentido, como lo he dicho en otras investigaciones, no son los trabajadores mexicanos o canadienses los que se roban los empleos de estadounidenses, sino el uso pragmático que las grandes trasnacionales hacen de los tratados comerciales y ventajas competitivas, para obtener mayores ganancias.
Cuando el presidente de EU enuncia que es irrelevante el TMEC para Estados Unidos, (https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-01-13/trump-calls-north-american-trade-pact-he-brokered-irrelevant ), acciones corporativas cuestionan con sus decisiones esta consideración. Por ejemplo, la reciente inversión millonaria que GM realizó en México para los siguientes dos años (https://aristeguinoticias.com/1401/dinero-y-economia/general-motors-anuncia-inversion-de-1000-mdd-en-mexico/), también Ford ha anunciado que las ventajas que ellos obtienen de los acuerdos comerciales, es evidente que ningún corporativo arriesga su capital si no hay una seguridad de que lo recuperará. En ese mismo sentido, cuando el presidente menciona el propósito de que las inversiones automotrices regresen a Estados Unidos, habría que preguntarle a los grandes corporativos si existe interés por parte ellos para regresar. Ciertamente, el know how, sigue manteniéndose en Estados Unidos, así lo demuestra el resurgimiento de centros de innovación en Detroit, y áreas circunvecinas, plantas no solo de Estados Unidos sino asiáticas y europeas, sin embargo, gran parte de su ensamblaje y trabajo ingenieril que alimenta no solo la industria automotriz de Estados Unidos sino la cadena global de producción, está en México, por las ventajas comparativas en salarios e impuestos.
Tres comentarios más: mencionar que los grandes ganadores de los acuerdos comerciales son Canadá y México, también resulta cuestionable, si bien México ha recibido inversiones que han conducido a un incremento en empleos, al igual que Canadá en los años noventa, estos han sido vulnerables y sujetos a los vaivenes internacionales, que repiten la historia vista en Estados Unidos de abandono de ciudades antes relevantes como St. Catharines en Canadá o Matamoros, en México, que experimentaron un gran auge con la inversión de General Motors, para después caer abruptamente en importancia, dada las reconfiguraciones industriales de la plantas. Segundo, los salarios tampoco han sido los mejores, la diferencia en la tasa de cambio entre Canadá y México con Estados Unidos, ha sido relevante, y sobre todo vincular los salarios al patrón salarial de México o Canadá y no a la rama industrial, y la constitución en plataforma exportadora de la automotriz de México, no incide centralmente en la economía mexicana, sino en el aprovechamiento que hacen no solo las empresas estadounidenses sino de otras nacionalidades el producir y exportar en y desde México. Finalmente, la idea de negociar individualmente, con México y Canadá, que ha enunciado el presidente Trump, no resultaría grandes ventajas para las empresas transnacionales, es precisamente el considerarse una región geoeconómica mediante el TMEC, lo que hace atractiva y relevante a la región. La idea de aislamiento, y rechazo a todo lo colectivo, que parece caracterizar a la administración de Estados Unidos actual hasta el momento parece totalmente incompatible con la dinámica capitalista de optimizar su tasa de ganancia. El poder político suele sujetarse a sus designios.
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