Introducción:
En la cocina de la geopolítica internacional, las alianzas no se forjan en el fuego uniforme de la cooperación mutua, sino bajo el calor asimétrico de los intereses nacionales. La máxima popular que dicta que «quien sostiene el sartén por el mango es quien controla la cooking» encuentra hoy su metáfora perfecta en el entorno de las negociaciones preliminares del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La reciente postura de Estados Unidos, manifestada en su tajante negativa a otorgar una reactivación automática del tratado tras la revisión del sexenio —prevista formalmente para 2026—, no es un mero trámite burocrático ni un capricho diplomático. Es, en puridad, la decisión estratégica de no soltar el mango del sartén, manteniendo a México y Canadá sobre las brasas de una presión permanente que limita las garantías de estabilidad para los inversionistas y redefine el equilibrio de poder en América del Norte.
La Decisión
Para comprender la magnitud de esta decisión, es imperativo diseccionar las intenciones de trasfondo desde una perspectiva realista de las relaciones internacionales. El T-MEC, nacido en 2018 como una actualización necesaria pero impositiva del antiguo TLCAN, introdujo en su Artículo 34.6 una cláusula de extinción (sunset clause) que establece un ciclo de vida de 16 años, sujeto a una revisión obligatoria a los seis años.
Si los tres países no acuerdan explícitamente la extensión, el tratado termina. La administración de Joe Biden, a través de la Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), Katherine Tai, dejó claro en su momento que esta revisión no será un «cheque en blanco» ni una simple formalidad administrativa.
Desde la óptica de Washington, sostener el mango del sartén significa utilizar la incertidumbre como un instrumento de política exterior. Al negar la reactivación automática, Estados Unidos se reserva el derecho de evaluar anualmente el cumplimiento del tratado, convirtiendo el marco legal en un estado de zozobra estructural.
¿Cuál es el propósito subyacente? En el contexto de la rivalidad geopolítica con China y la reconfiguración de las cadenas de suministro globales —fenómeno conocido como nearshoring—, Estados Unidos necesita que México funcione no como un socio equitativo, sino como un patio trasero seguro, dócil y altamente funcional para sus necesidades de seguridad nacional y competitividad económica.
Al mantener la espada de Damocles sobre la vigencia del T-MEC, Washington asegura que cualquier movimiento soberano de la política mexicana —ya sea en materia energética, laboral o de seguridad judicial— podrá ser castigado o reprimido con la amenaza latente de la extinción del tratado.
Es la coerción económica elevada a máxima potencia.
El Control
Esta dinámica de control no ocurre en el vacío; genera efectos colaterales inmediatos en la política doméstica mexicana. Uno de los impactos más reveladores de esta presión permanente es la caída en los niveles de aceptación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
Diversos sondeos y encuestas de percepción ciudadana emitidos en los primeros meses de su gestión comienzan a reflejar una fisura entre la popularidad heredada de su antecesor y la realidad de las exigencias estadounidenses. La opinión pública mexicana, históricamente sensible a las muestras de sumisión frente al vecino del norte, percibe que la capacidad de maniobra del gobierno federal se ve coartada.
Cuando la retórica de la «Soberanía» que caracterizó al proyecto político de la Cuarta Transformación choca de frente con la pragmática fría de tener que negociar bajo la amenaza de la extinción del T-MEC, se genera un desencanto político. La ciudadanía observa cómo el mango del sartén está firmemente sujeto por manos estadounidenses, y traduce esa percepción de vulnerabilidad en una disminución de la confianza hacia la nueva administración, la cual enfrenta el dilema de modular su discurso nacionalista sin espantar la inversión extranjera ni desatar la ira de Washington.
En el terreno estrictamente económico, la negativa a la reactivación automática actúa como un freno de mano para las proyecciones en el corto y mediano plazo. La estabilidad jurídica es el oxígeno de la inversión extranjera directa (IED). Cuando un tratado comercial que articula más del 80% del comercio exterior de México está sujeto a un escrutinio anual y a una posible terminación, el «riesgo país» se recalibra al alza.
En el corto plazo, las empresas que tenían planeado anunciar nuevos parques industriales en México como parte de sus estrategias de nearshoring entran en un estado de «wait and see» (esperar y ver). Los flujos de capital se volatilizan; el tipo de cambio sufre presiones depreciativas ante la incertidumbre, y la bolsa mexicana exhibe comportamientos erráticos.
Y ahora…
Para el mediano plazo, el panorama es aún más complejo. México corre el riesgo de perder el bono excepcional que había ganado frente a otros candidatos para la relocalización de empresas asiáticas y europeas. Si un inversionista alemán o japonés debe elegir entre establecer su planta en México, sabiendo que el T-MEC podría extinguirse en 2026, o invertir directamente en Estados Unidos aprovechando los fuertes subsidios de la Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés) o en Canadá, la balanza se inclinará peligrosamente hacia los vecinos del norte.
Las proyecciones de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de instituciones como el Banco de México y la Secretaría de Economía tendrán que ajustar sus modelos a la baja, factorizando no solo la desaceleración estadounidense, sino el costo de oportunidad derivado de la asimetría negociadora impuesta por la cláusula de revisión.
Ante este escenario, ¿cuáles son los futuros posibles que se desprenden de la decisión de Estados Unidos de mantener el sartén por su mango? Podemos vislumbrar tres escenarios macroeconómicos y geopolíticos:
El primero es un escenario de acomodación pragmática. En este caso, el gobierno mexicano acepta implícitamente la asimetría de poder y realiza las modificaciones regulatorias exigidas por Washington (particularmente en materia de energía limpia, transparencia judicial y propiedad intelectual) a cambio de que Estados Unidos levante el veto tácito y confirme la extensión del T-MEC. El mango sigue en manos de E.U., pero el fuego se baja, permitiendo que el nearshoring florezca bajo términos dictados por el norte.
El segundo es un escenario de fricción prolongada y estancamiento. Si México decide mantener su postura soberana y rechaza las exigencias consideradas intervencionistas, Estados Unidos opta por no firmar la extensión en 2026, llevando el tratado a su fase de extinción. Esto devolvería a la región al caos arancelario previo a 1994 bajo las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o a la aplicación de la Section 232 de la Ley de Comercio de Expansión estadounidense. El impacto sería catastrófico para la industria automotriz y agroalimentaria de México, generando una recesión técnica y un desempleo estructural severo.
El tercer escenario es el de diversificación forzada. Ante la imposibilidad de sostener la presión del sartén, México acelera de manera desesperada tratados comerciales con la Unión Europea, el Reino Unido y la cuenca del Pacífico (CPTPP), buscando diluir su hiperdependencia de Estados Unidos. Sin embargo, dada la integración física y logística existente, este escenario sería de muy largo aliento y generaría una profunda crisis de transición.
En conclusión
La geopolítica del T-MEC ha dejado de ser un ejercicio de integración regional para convertirse en un juego de suma cero donde la hegemonía estadounidense se reafirma a través del diseño institucional. La negativa a la reactivación automática es la confirmación de que, en la cocina de Norteamérica, solo hay un chef que decide el punto de cocción. México se encuentra ante el desafío histórico de determinar si es posible sobrevivir al calor de la presión sin quemar sus propios principios soberanos, o si, por el contrario, deberá buscar otra estufa en la que poder cocinar su futuro.
Tres preguntas para no dormir tranquilos
- ¿Hasta qué punto la estrategia estadounidense de mantener al T-MEC en revisión permanente es efectivamente beneficiosa para su economía interna, o corre el riesgo de generar un efecto boomerang que desestabilice a su principal socio comercial y fronterizo?
- Ante la evidencia de la asimetría de poder, ¿es posible para un país en desarrollo como México ejercer un «contrapoder» real frente a Estados Unidos sin incurrir en un costo económico devastador para su población?
- Si usted fuera un inversionista extranjero evaluando el nearshoring hoy, ¿consideraría que la presión geopolítica sobre el T-MEC es un riesgo manejable o una señal definitiva para redirigir sus capitales hacia polos de inversión con mayor certidumbre jurídica?
¿Y usted, qué piensa?
Referencias Bibliográficas
- Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR): Documentos y declaraciones públicas sobre la política comercial de la administración Biden hacia el T-MEC y la enforceabilidad de los capítulos laborales y energéticos. https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements/united-states-mexico-canada-agreement
- Secretaría de Economía de México (SE): Comunicados oficiales y hojas de ruta sobre la preparación de la revisión del T-MEC 2026 y las posturas de soberanía jurídica. https://www.gob.mx/se
- Banco de México (Banxico): Informes trimestrales sobre la Inversión Extranjera Directa (IED) y las proyecciones macroeconómicas ante la incertidumbre global y el entorno del nearshoring. https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/informes-trimestrales-sobre-la-economia-mexicana.html
- Parametría: Análisis y encuestas de percepción sobre la aprobación ciudadana de la presidenta Claudia Sheinbaum y la gestión de la relación bilateral con Estados Unidos. https://www.parametria.com.mx/
- El Economista / Bloomberg Línea: Análisis editoriales sobre los impactos de la no reactivación automática del T-MEC en las proyecciones del PIB y el riesgo país. https://www.eleconomista.com.mx/ https://www.bloomberglinea.com/
Alejandro García Galván
El Colegio de la Frontera Norte, Dirección General de Asuntos Académicos.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.
![]()