El Sahel, de crisis en crisis

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Opinión de Djamel Eddine Toudert Investigador de El Colegio de la Frontera Norte

miércoles 20 de mayo de 2026

El Sahel africano vive en la primavera de 2026 su extremo momento crítico en décadas. Esa franja árida que recorre Mali, Burkina Faso y Níger se ha convertido, desde 2020, en escenario de una sucesión de golpes de Estado que llevaron a juntas militares al poder en los tres países y reconfiguró totalmente la cartografía geopolítica de la región. En agosto de 2020, el coronel Assimi Goïta que se presentó como soberanista, derrocó al presidente Ibrahim Boubacar Keïta en Mali prometiendo una transición democrática que nunca llegó.

Burkina Faso, en 2022, vivió dos golpes sucesivos, el segundo de ellos llevado a cabo por el soberanista capitán Ibrahim Traoré, mientras que en julio de 2023, Níger sumó su nombre a la lista cuando generales del ejército depusieron al presidente Mohamed Bazoum, el último jefe de Gobierno electo que la región había conocido. Las tres juntas militares proclamarían en septiembre de 2023 la Alianza de Estados del Sahel, confederación que se consolidó formalmente el 6 de julio del año siguiente cuando rompió con la CEDEAO. El bloque reúne a más de 71 millones de personas que viven en 2,78 millones de kilómetros, con un PIB per cápita de apenas 2.513 dólares, uno de los más bajo a nivel mundial.

La salida de Francia fue el primer gran síntoma de la nueva reorganización regional. La operación Barkhane operada por Francia traslado a la región a más de cinco mil efectivos desde 2014, hasta su expulsión por las tres juntas entre 2022 y 2024. El vacío lo ocupó el grupo paramilitar ruso Wagner, que tras la muerte de Prigozhin en agosto de 2023 fue reestructurado como Cuerpo Africano. Su presencia estuvo marcada por graves denuncias de violaciones de derechos humanos que han sido documentadas por Naciones Unidas. Estados Unidos, que tenía una base de drones en Agadez, completó su salida en 2024. En el mismo tiempo China y Turquía avanzaron en paralelo con su diplomacia económica y acuerdos militares sin las tradicionales condiciones que suelen poner los países de Occidente. El colapso del modelo ruso-maliense se hizo evidente el 25 de abril de 2026, cuando el JNIM, vinculado a Al Qaeda y el Frente de Liberación del Azawad en una alianza rara e imprevisible empezaron a tomar ciudades de importancia. En efecto, estos grupos lanzaron un ataque coordinado sobre Bamako, Gao, Kidal, Mopti y Sévaré. Esta ofensiva puso de manifiesto un nuevo tipo de cooperación entre el JNIM y los rebeldes tuareg, pues los dos siempre han sido actores rivales proporcionado un elemento de sorpresa táctica a las fuerzas gubernamentales. La ciudad norteña de Kidal (recuperada en noviembre de 2023 con apoyo ruso) volvió a caer. El JNIM, por su parte, anunció que dominaba la ciudades de Mopti, Sévaré y Gao, mientras que Bamako y la base militar de Kati se encontraban en manos del gobierno. 

La ofensiva rebelde no se dio sin avisos. Semanas antes, Bamako llevaba más de dos meses con un bloqueo yihadista del suministro de combustible que llevó a que el ejército escoltará militarmente los convoyes de carburante. La imagen de tanques protegiendo camiones cisterna en las carreteras de un país que proclama su soberanía da una idea de la magnitud de la crisis. La Alianza de Estados del Sahel expresaba solidaridad política hacia Mali, pero no podía transformar esa solidaridad en ayuda militar concreta. Burkina Faso sigue siendo bajo presión, una parte importante de su territorio escapa a toda forma de control estatal. Níger que recientemente se reconcilió con su vecino del norte Argelia, vive por lo pronto su propias emergencias. Finalmente, la fuerza conjunta de la AES era eso, una promesa antes que una realidad operativa. 

Detrás de los diferentes análisis geopolíticos hay millones de personas desplazadas y una crisis humanitaria que la ONU califica como alarmante. Los ciclos de violencia cortan la producción agrícola y dejan a comunidades enteras sin comida en una región vulnerable al cambio climático. El Sahel necesita más que nunca de procesos políticos inclusivos, de inversión en desarrollo y de una comunidad internacional que pare de convertir la región en un escenario de rivalidades. Por el momento, mientras los combates continúan y Bamako aguanta la presión, la pregunta a la que nadie en las esferas del poder ha sabido dar respuesta y permanece en pie: ¿Qué queda de la promesa soberanista que trajeron los golpistas cuando tomaron el poder?

Djamel Eddine Toudert
El Colegio de la Frontera Norte, Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

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