Los juegos han existido en todas las sociedades humanas y, en el caso de los grupos nativos de Baja California, aún se practican varios en la actualidad. A lo largo de los años se han descrito numerosos juegos de la región, como las cañuelas, el peón, las tejas, el juego de pelota o el pyak, siendo este último el más representativo de los pueblos yumanos en México. Según los registros históricos, se ha practicado desde antes de la colonización y, a través del tiempo, ha ido evolucionando y unificando sus reglas hasta convertirse en una muestra de la perseverancia y adaptación cultural de los grupos nativos de Baja California.
Lo primero que necesitamos saber sobre el pyak son el equipo y la normativa. El campo mide 25 metros de ancho por 50 de largo. Los bastones, de sauce, se asemejan a los de hockey, no deben sobrepasar la cintura del jugador y tienen una «uve» en el extremo que facilita golpear la pelota. Las pelotas miden dos pulgadas y son de madera de sauce o mezquite, aunque los mayores recuerdan que antes se hacían con hueso de vaca. Se requieren dos equipos de mínimo tres jugadores (hombres o mujeres) y un árbitro. Las normas son claras: está prohibido levantar el bastón por encima de la rodilla, golpear a los contrincantes o faltarles al respeto. El objetivo es llevar la pelota hasta la línea contraria y anotar tres puntos. Al inicio se entierra la pelota y un jugador de cada equipo intenta sacarla. Estas reglas, aunque sencillas, exigen destreza, estrategia y trabajo en equipo.
Los registros muestran que el pyak se trata de un juego antiguo, practicado por la mayoría de los pueblos yumanos desde antes de la colonización europea. La primera mención documentada aparece en un texto de Bourke de 1898 sobre los mojave de Arizona. Ya en 1931, el antropólogo Gifford registra con mayor detalle el juego y sus normas entre los kamia de Estados Unidos. En mi investigación he identificado referencias en Estados Unidos entre los mojave, kumeyaay, havasupai, yuma, cocopa, kamia y kwaymii; mientras que en México entre los kumiay, kiliwa, cucapá y pa ipai. Esta amplia distribución geográfica y cultural confirma que el pyak no era un fenómeno aislado, sino un elemento identitario profundamente arraigado entre los pueblos yumanos.
El pyak, como cualquier práctica cultural, se transforma para adaptarse a las necesidades de los sujetos que lo practican. Uno de los principales cambios ha sido la unificación de las reglas y su inclusión dentro de las escuelas indígenas. En las normas actuales se busca la participación de todas las personas independientemente de su género y edad, mientras que en las descripciones históricas encontramos que había grupos como los cucapá donde era exclusivamente masculino, otros solo para mujeres como los mojave, o indistinto como en los kumiay. Detrás de la unificación de reglas está la voluntad de facilitar el juego entre los diferentes grupos en una competencia compartida.
Es especialmente notorio cómo el pyak se ha vuelto una parte esencial dentro de las dinámicas de las escuelas indígenas en el estado, tal como lo demuestra el 9º torneo de Juegos Autóctonos y Tradicionales realizado en Maneadero el 24 de abril. En estos torneos, organizados por la coordinación escolar 711 —que incluye las escuelas de las comunidades yumanas—, los infantes de preescolar, primaria y secundaria compiten en pyak y tiro con arco. Durante el torneo se convive entre parientes, se escucha música tradicional y los infantes se ejercitan y divierten. Al finalizar, las autoridades escolares entregan los reconocimientos, pero el premio mayor llega después: se selecciona a los infantes que representarán a Baja California en el Encuentro Nacional de Juegos y Deportes Autóctonos y Tradicionales, organizado por la CONADE, la CECUFID y la FMJDAT. Este evento anual reúne a personas de todo el país para mostrar la riqueza cultural y la diversidad de juegos autóctonos de México. Al participar en estos eventos se refuerza la identidad indígena, se revitalizan prácticas culturales, se cuestionan los discursos de extinción que muchas veces acompañan a los pueblos yumanos y se participa de forma activa en los discursos de la pluriculturalidad de México.
El pyak es un claro ejemplo de cómo los pueblos indígenas han logrado preservar y adaptar sus tradiciones a pesar de los procesos de colonización y marginación. Su incorporación al ámbito escolar y su reconocimiento en torneos nacionales no solo garantizan su transmisión a las nuevas generaciones, sino que también legitiman su lugar dentro del patrimonio cultural de México. Así, el pyak trasciende lo lúdico para convertirse en un acto político y cultural que reivindica la persistencia y la adaptación cultural de los pueblos yumanos en el México contemporáneo.
Josep Romans Fontacaba
El Colegio de la Frontera Norte, Estancia postdoctoral.
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