En el principio fue Trump contra Talarico. A mediados de marzo pasado, Brian Kilmeade, presentador del programa de radio de Fox News, preguntó a Donald J. Trump si pensaba respaldar a los republicanos Ken Paxton o a John Cornyn en la contienda por el Senado de Estados Unidos en Texas. Trump aprovechó para criticar al candidato de los demócratas, James Talarico, y textualmente dijo: “La buena noticia es que su candidato está chiflado, con sus seis formas diferentes de género. Y todo lo que vi: el insulto a Jesús. Osea, semejante insulto a Jesús. Este tipo está chiflado. Él es so woke. Él es so woke que es sumamente incompetente”. Trump se refería a un comentario que hizo Talarico, en el 2021, apoyando los derechos trans y argumentando que Dios no era binario.
Entonces Talarico se dirigió a sus discípulos. James Dell Talarico es un joven demócrata que nació en Round Rock, Texas, en 1989. Hijo de una madre soltera, Tamara Causey. Después adoptado por Mark Talarico. Su abuelo era un predicador bautista del sur de Texas, quien enseñó a James que los pilares del cristianismo son: amar a Dios y amar al prójimo. Estudió en la Universidad de Texas en Austin, después cursó una maestría en política educativa en la Universidad de Harvard y otra en divinidad en el Seminario Teológico Presbiteriano de Austin. Fue maestro en una preparatoria, seminarista y después entró a la vida política. En respuesta a los comentarios de Trump, Talarico expresó de pie, en una iglesia de la comunidad negra en Texas:
El presidente de los Estados Unidos acaba de decir que yo insulté a Jesús. ¿Quieren saber qué es lo que realmente insulta a Jesús? Arrebatar la cobertura médica a los enfermos mientras se recortan los impuestos a los multimillonarios. ¿Saben qué más insulta a Jesús?, deportar al forastero y separar a los bebés de sus madres. ¿Saben qué insulta a Jesús?, bombardear a niños escolares inocentes en Irán y enviar a nuestros valientes hombres y mujeres a morir en otra guerra interminable… Encubrir los archivos de Epstein y luego negarse a procesar a una sola persona involucrada en ellos.
Bienaventurados los pacificadores. El 11 de abril pasado, el Papa León XIV convocó a una vigilia de oración en la Basílica de San Pedro. Ahí, condenó “el delirio de omnipotencia” que alimentaba las guerras en curso y rechazó cualquier intento de “reclutar a Dios” para justificar la muerte de civiles. El Papa no dijo el nombre de Trump, pero su declaración tenía dedicatoria para aquél que amenazó con borrar de la historia toda la civilización de Irán, y también la dedicaba a su subordinado, el mero-mero de la Defensa, quien pidió a los estadounidenses rezar por la victoria “en el nombre de Jesucristo”. Alá y Mahoma su profeta, seguro se quedaron pasmados.
Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas. Después de la declaratoria del Papa, Trump publicó en redes sociales: “El Papa León es débil en materia de seguridad y terrible para la política exterior”. Agregó: “No soy fan del Papa León”. Enseguida publicó una imagen, hecha con inteligencia artificial, donde él aparecía figurando ser un Salvador, con túnica blanca y caperuza, en la mano izquierda un halo de luz, con la mano derecha tocando la frente de un enfermo, una enfermera a su izquierda mirándolo como esperando un milagro y alrededor gente observándolo esperanzada; y en el trasfondo los íconos de su país: la bandera, la estatua de la libertad, el capitolio. También, por supuesto, aviones de guerra y soldados flotando. La imagen causó revuelo entre líderes religiosos y figuras políticas, quienes la calificaron de blasfema. Al poco tiempo, la imagen fue eliminada. Trump dijo que sólo quería mostrar a un médico ayudando a la gente. Claro.
Y Jesús amó a Trump y oró por quienes lo critican. También esta semana, en su cuenta de Truth Social, el presidente Trump difundió una fotografía, de igual forma elaborada con inteligencia artificial, en la que aparece abrazado por Jesús. Ahora él no era el Salvador, él era abrazo por el Salvador. El presidente porta un traje oscuro, corbata roja, micrófono al frente. Jesús lo abraza amorosamente. El trasfondo de la imagen es dominado por la bandera de los Estados Unidos y un resplandor. Política y religión se mezclan claramente. Más cuando el presidente escribió junto a la imagen: “A los lunáticos de la izquierda radical podría no gustarles esto, pero creo que es bastante bueno”.
“Creo que tal vez no estoy destinado al cielo”. Durante un vuelo en el Air Force One, el presidente Trump dijo a unos periodistas: “No creo que haya nada que me lleve al cielo. Creo que tal vez no estoy destinado al cielo. No estoy seguro de poder llegar al cielo, pero he mejorado mucho la vida de mucha gente”. Lo dijo después de que afirmó que pondría fin a todas las guerras en el mundo. También en un acto de falsa humildad, después de que el presidente de la Asociación Evangelista Billy Graham, Franklin Graham, le escribió una carta en la que le dijo que su liderazgo era histórico, que era un pacificador y que por ello era bienaventurado. Y Trump no cumplió. El hecho es que cada vez retoma más símbolos y narrativas religiosas para su activismo político.
Neomesianismo y nacionalismo cristiano. El neomesianismo le está funcionando al presidente Trump, a su administración de publicidad, aparentemente, al prometer un nuevo orden mundial y realizar acciones extremas en nombre de una “superioridad moral”. El Destino Manifiesto remasterizado. El neomesianismo también se ha estrechado, cada vez más, con el nacionalismo cristiano, es decir, con la ideología política que piensa a la nación [¡Dios bendiga a los Estados Unidos de América!] y a su líder [¡Bienaventurados los pacificadores!] como un instrumento divino para lograr el orden. Para James Talarico, el nacionalismo cristiano es una amenaza, una traición a las enseñanzas de Jesús, una adoración al poder que manipula la fe de las personas. Al parecer, Trump al decir que él no podrá llegar al cielo.
Oscar Misael Hernández Hernández
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Matamoros.
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