El rechazo reciente del gobierno de Estados Unidos de renovar por dieciséis años más el T-MEC, bajo las mismas condiciones en las que se estableció en 2020, se explica por la misma lógica de su origen. El T-MEC surgió de la reestructuración del TLCAN, a iniciativa del gobierno estadounidense, para contrarrestar lo que consideraba los efectos negativos de este tratado sobre su industria y el mercado laboral.
El T-MEC significó para Estados Unidos un mecanismo de transición entre el liberalismo comercial del anterior tratado y los requerimientos en su estrategia comercial e industrial para proteger y fortalecer su base industrial, buscando que la integración regional beneficiara directamente a sus empresas manufactureras y trabajadores.
Con un mayor control sobre la relación comercial con sus socios, a través del establecimiento de reglas de origen más estrictas y obligándolos a cumplir estándares laborales mas elevados, buscaba en esencia modificar los eslabones de la cadena productiva de sus industrias y obligarlas a desplazarse a su propio territorio. Estas medidas afectaban fundamentalmente a la industria automotriz estadounidense relocalizada en México, que para conservar el trato arancelario preferencial debe producir con más contenido regional (75%) y depender menos de insumos externos a Norteamérica.
A seis años de la creación del T-MEC, Estados Unidos ha logrado proteger parte de su base industrial y presionar por más contenido regional, pero no ha revertido por completo la pérdida manufacturera ni ha eliminado el déficit comercial con México, que ha manifestado es una de sus principales preocupaciones. Efectivamente, desde la consolidación de la integración productiva bajo el TLCAN y posteriormente del T-MEC, México ha registrado un superávit persistente en el comercio de bienes con Estados Unidos. Entre 2010-2025 las exportaciones de México se incrementaron en un 131.3% (INEGI), pero este superávit se explica fundamentalmente por las reexportaciones de las empresas estadounidenses que relocalizan parte de su producción en México, por lo que es un problema cuya solución se articula con lo que vaya a pasar con la relocalización de la empresa estadounidense.
Independientemente de que las nuevas condiciones plasmadas en el T-MEC resulten ser adecuadas, o no, para apoyar sus objetivos estratégicos, el gobierno estadounidense impondrá en sus relaciones comerciales las condiciones que considere favorezcan a su economía y su predominio en el mercado mundial, por lo qué, le es más funcional un tratado “flexible” que pueda readecuarse o anularse en función de la realización de sus objetivos.
En realidad, como lo señaló el Secretario de Economía, el trato arancelario preferencial entre los socios se mantiene por diez años y México continuará exportando más del 80% de sus productos a los Estados Unidos. La cuestión es que, para acceder a los beneficios de esta preferencia ya no basta con producir en la región, sino cuánto contenido regional tiene el producto, en qué condiciones laborales se produce y si cumple con reglas sectoriales específicas. Con las reglas de origen y las condiciones laborales más estrictas, Estados Unidos busca no solo el retorno de sus industrias, sino impedir que países ajenos al tratado tengan acceso al mercado de Norteamérica, al respecto le preocupa que México funcione como una plataforma indirecta para que empresas e insumos chinos ingresen al mercado estadounidense mediante su integración a la producción mexicana. Cabe recordar que la balanza comercial México-China ha sido persistentemente deficitaria para México, entre 2010 y 2025 (INEGI) las importaciones desde China experimentaron un incremento de 198%.
La situación que ahora se presenta nos regresa a las mismos problemas estructurales que se tenían cuando se creo el TLCAN y el T-MEC, es decir, el subdesarrollo, el estancamiento crónico y el crecimiento de la economía informal en México. Aunado a esto existen los riesgos de continuar siendo una periferia maquiladora de América del Norte. Por ello, habría que preguntarse si en este contexto, de profundos cambios en la política comercial de los Estados Unidos ¿la continuidad del TMEC puede garantizar un crecimiento estable o es tiempo ya de canalizar los esfuerzos en impulsar una política industrial y comercial activas?
Leticia Hernández Bielma
El Colegio de la Frontera Norte, Departamento de Estudios Económicos.
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