La tregua del verano: México, Trump y la calma que no es paz

Regresar a Columnas de opinión

Opinión de Andrés Sumano Rodríguez Investigador de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 18 de junio de 2026

Hay momentos en la diplomacia en que el calendario hace lo que la política no puede: comprar tiempo. El Mundial de fútbol distrae a las opiniones públicas de ambos lados de la frontera. Las negociaciones con Irán consumen la atención de la administración Trump. Y en ese intersticio, la tensión bilateral ha bajado de ebullición a fuego lento. No porque los problemas se hayan resuelto, sino porque nadie, por el momento, tiene interés en que exploten.

El maxiproceso en Nueva York contra diez exfuncionarios morenistas de Sinaloa vinculados al grupo de Los Chapitos fue mucho más que un asunto judicial: fue una declaración política. Entre tantos informantes clave, el Departamento de Justicia parece haber logrado armar casos sólidos contra políticos mexicanos ligados al crimen organizado y haber decidido que la impunidad de los operadores del narco con credencial partidista tenía un límite y ese límite quedaba del lado norte del Río Bravo.

La administración Trump tenía tiempo insistiendo sobre la importancia de ir contra la protección política del crimen organizado. El Gobierno de México buscaba distraerlos con decomisos y arrestos de sicarios. No fue suficiente y decidió ir por la vía jurídica establecida tras miembros clave de la coalición gobernante. La Presidenta, acorralada, sabiendo que ese caminito podía llevar hasta Palenque: pronunció un discurso de confrontación abierta que buscaba convertir a los acusados ​​en mártires de la soberanía nacional. El mensaje era inequívoco: si esto sigue, la relación bilateral se rompe.

En Washington no acusaron de recibo y filtraron la cancelación de visas a dos gobernadores fronterizos morenistas, un recordatorio de las muchas fichas disponibles que tienen. Pero casi en simultáneo llegaron los gestos de distensión: discursos reconociendo la cooperación de Sheinbaum y el anuncio del Grupo Bilateral de Implementación en materia de seguridad.

Lo que explica esta danza es una realidad que ninguna retórica soberanista puede ignorar: la relación México-Estados Unidos es demasiado grande para fallar . El comercio bilateral supera el billón de dólares anuales y las cadenas productivas están integradas de una manera que haría del conflicto abierto un desastre para ambas economías, especialmente para las más débiles.

Y sin embargo, la calma no es paz. Los plazos procesales del caso Rocha Moya y compañía siguen corriendo. Circulan versiones sobre cuatro órdenes de detención de alto perfil aún no anunciadas. Y la negociación del T-MEC ha mutado en algo cualitativamente distinto: ya no se trata de alcanzar un tratado de libre comercio, sino de tener mejores condiciones de acceso que el resto del mundo para tratar de conservar algo de la ventaja competitiva.

El Mundial terminará y algo se negociará con Irán. Y entonces los reflectores volverán. 

José Andrés Sumano Rodríguez
El Colegio de la Frontera Norte, Investigador por México de SECIHTI, Unidad Matamoros


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.

Loading