Introducción:
Si en la primera entrega probamos el chile de Washington —caro, picoso y adictivo—, ahora toca el postre mexicano: el atole con el dedo. En la mesa binacional, mientras Estados Unidos cobraba por cada detención, México llegó con una charola de promesas calientitas: 10,000 elementos de la Guardia Nacional en la frontera, operativos contra el fentanilo, extradiciones exprés y, como guarnición, un arancel de 35% a productos chinos para demostrar “alineamiento”.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo anunció el 4 de febrero de 2025 tras la llamada con Trump: despliegue inmediato para frenar drogas y migrantes, a cambio de pausar un mes los aranceles del 25% a productos mexicanos. El comunicado fue claro: “el gobierno mexicano se comprometió al despliegue de 10 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera”, y el acuerdo buscaba “resolver tensiones comerciales y migratorias” con una tregua arancelaria. Trump lo vendió como victoria: soldados mexicanos “específicamente designados para detener el flujo de fentanilo y de inmigrantes ilegales”.
En los hechos, México movió tropas de otras regiones hacia Tijuana, Mexicali, Ciudad Juárez y 15 ciudades más, con apoyo aéreo y terrestre. Es la imagen perfecta del atole: espeso en la foto, líquido en la cuchara.
Anatomía del atole: cómo se cocina la narrativa
El atole con el dedo tiene tres ingredientes en la política mexicana: urgencia, opacidad y desplazamiento de costos. Urgencia, porque el anuncio se hace horas después de la amenaza arancelaria. Opacidad, porque no hay partida presupuestal etiquetada para “Operativo Frontera Norte” —se toma de la bolsa general de la Guardia Nacional. Y desplazamiento, porque los 10,000 no aparecen por arte de magia: salen de Guanajuato, Michoacán, Chiapas y Zacatecas, donde la violencia no tomó vacaciones.
La narrativa funciona: Washington ve uniformes, los mercados respiran, y la prensa registra el gesto. Pero el relleno del tamal —resultados medibles en reducción de fentanilo o en cruces irregulares— tarda en llegar, si llega. Mientras, México paga la leche y el maíz del atole.
¿Cuánto cuesta el atole? Hagamos números mexicanos
Tenemos datos duros para estimar, no para adivinar. El presupuesto de la Guardia Nacional pasó de 10,926 a 20,205 millones de pesos entre ejercicios recientes, un salto que refleja nuevas tareas de inteligencia e investigación. En otro ciclo, la GN recibió 17,500 millones de pesos para reclutar 21,170 elementos, lo que da un costo promedio de incorporación de aproximadamente 826,700 pesos por elemento (solo reclutamiento, sin operación).
Si aplicamos ese costo unitario a 10,000 efectivos desplegados, hablamos de una inversión inicial implícita de más de 8,200 millones de pesos solo para tenerlos listos. A eso súmele operación: la GN ofrece sueldos base que la prensa reporta en torno a 19,000 pesos (la fuente dice “anuales”, aunque en la práctica se entiende como mensual; tomémoslo como referencia conservadora de ingreso base). Multiplique por 10,000, por 12 meses, y ya está en 2,280 millones de pesos anuales solo en nómina base, sin viáticos, combustible, horas extra, mantenimiento de vehículos blindados, ni horas de vuelo de helicópteros que patrullan de Tijuana a Matamoros.
Ahora, el costo de oportunidad. La Secretaría de Hacienda recortó más de 37,000 millones de pesos en seguridad pública para 2025, afectando cinco áreas operativas. Es decir, mientras se infla el despliegue fronterizo, se adelgaza en otros lados. Ese es el dedo en el atole: el ciudadano ve la espuma en la frontera, pero no ve el hueco que queda en su municipio.
¿Y el costo comparado con E.U.? Allá, un despliegue similar de 15,000 soldados se estimó en al menos 200 millones de dólares. Si escalamos linealmente, 10,000 guardias mexicanos —con estructuras de costos menores pero con logística extensa— rondan los 130-150 millones de dólares por trimestre en operación plena. No es una cifra oficial mexicana (no existe como tal), pero es un orden de magnitud creíble para dimensionar el esfuerzo.
Tamales sin relleno: tres contramedidas bajo la lupa
1. Guardia Nacional como tapón. Tres guardias por kilómetro en una frontera de 3,185 km es aritmética imposible sin relevos. En la práctica, se saturan los puertos de entrada y se deja el desierto a la suerte. El resultado es desplazamiento del flujo, no reducción estructural. Peor aún, se normaliza que la GN haga migración, aduanas y seguridad pública al mismo tiempo, diluyendo su doctrina. El atole espesa en el comunicado; en campo, se corta.
2. Extradiciones exprés. México aceleró el envío de “casi 100 capos” al norte, según reportes revisados en la primera entrega. Es un gesto fuerte, pero el mercado de fentanilo no es un cártel, es una cadena de suministro global. Mientras los precursores sigan entrando por puertos del Pacífico —muchos etiquetados como químicos industriales—, descabezar capos no baja el precio en Filadelfia. Washington lo sabe, por eso mantiene los 45,000 millones para camas de ICE y los 14,000 millones para deportaciones: el negocio de la contención es más predecible que el de la erradicación.
3. Arancel del 35% a China. Aquí el tamal se queda sin masa. México anunció que intensificaba acciones “contra migración, narcotráfico y comercio chino para evitar aranceles de E.U. con 10,000 efectivos en la frontera y aranceles del 35% a productos chinos”. Suena a alineamiento, pero en la práctica encarece insumos para maquiladoras que exportan a E.U. —justo lo que el TMEC debía proteger. Es un tiro al pie: subes el costo de producción mexicano, reduces competitividad frente a Vietnam, y le das a Washington un argumento para pedir más concesiones. Atole con chile: pica y no alimenta.
El espejo estadounidense: cómo capitaliza el atole mexicano
Mientras México sirve atole, E.U. cobra el cubierto. Ya documentamos en la primera parte: 187,48 dólares diarios por detenido, 73,6 días promedio, más de 1,400 imputados por entrar a zonas militares que ahora cubren un tercio de la frontera. Cada detención cuesta al contribuyente estadounidense unos 13,800 dólares solo en custodia, y el sistema en conjunto ronda los 75,000 millones de dólares en dos años si sumamos expansión de camas, deportaciones, militarización y barreras.
¿Y México? Pone los soldados, pone el riesgo político interno, y no recibe un dólar de ese presupuesto. Peor: al contener flujos en el lado mexicano, reduce la presión visual en E.U., lo que políticamente le permite a Washington mantener la línea dura sin pagar el costo electoral de imágenes de cruces masivos. Es un outsourcing de la contención: México administra el dolor, E.U. administra la factura.
De atole a caldo: qué haría un gobierno que no quiera dar el dedo
Si la meta es bajar fentanilo y ordenar migración sin quebrar las finanzas públicas, hay que cambiar de receta. Tres movimientos concretos, con números en la mano:
A. Formalizar en vez de militarizar. Reasigne una fracción del costo trimestral del despliegue —digamos 30%, unos 40-45 millones de dólares— a un programa binacional de visas temporales H-2A/H-2B ampliadas y de certificación rápida. Sabemos que los mexicanos indocumentados pagaron 9,800 millones de dólares en impuestos con solo 92,000 millones de ingreso familiar en 2019. Eso es una tasa efectiva cercana al 10,6%. Cada 10,000 trabajadores formalizados aportarían, en un año, más de 100 millones de dólares en impuestos directos, sin contar IVA local por consumo. Es decir, en 12-18 meses el programa se paga solo, y además baja presión en la frontera porque el cruce se hace con cita, no con coyote.
B. Inteligencia química, no solo retenes. En vez de 10,000 guardias formados en línea, destine 2,000 a unidades de trazabilidad de precursores en Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Altamira, con escáneres y laboratorios móviles. El costo de equipar tres puertos con tecnología de punta ronda los 150-200 millones de dólares —menos que un trimestre de despliegue masivo— y ataca el fentanilo donde nace: en la cadena logística, no en el desierto de Sonora.
C. Aranceles quirúrgicos. Sustituya el 35% parejo a China por cuotas y licencias a precursores específicos, combinadas con fast-track para maquinaria que eleve productividad en el sur-sureste. Así, no castiga a la maquila y sí golpea al negocio del fentanilo. Además, alinea a México con la narrativa de seguridad de E.U. sin regalar competitividad.
El costo político del atole
Hay un costo que no sale en los presupuestos pero se siente en las urnas: la fatiga. La Guardia Nacional nació en 2019 con alta confianza ciudadana, por encima de policías estatales según la ENSU 2025. Cada vez que se le usa como comodín —hoy migración, mañana aduanas, pasado mañana reparto de libros—, se erosiona esa confianza. Y cuando el presupuesto sube de 10,926 a 20,205 millones pero la percepción de seguridad no mejora proporcionalmente, el ciudadano huele el atole.
Del lado estadounidense, el costo político es inverso: mostrar soldados en la frontera rinde en primarias. Por eso Washington amplía zonas militares y suma imputaciones por “trespassing”. Cada migrante acusado es un titular; cada titular justifica más presupuesto. Es un círculo perfecto, salvo por un detalle: no resuelve el problema, lo administra.
¿Y los tamales?
El tamal completo lleva masa, relleno y hoja. En nuestra metáfora, la masa es la ley laboral binacional; el relleno, la inversión en puertos y trazabilidad química; la hoja, la cooperación judicial real contra lavado de dinero —no solo extradiciones mediáticas. Hoy servimos pura hoja con atole: se ve bonito, no alimenta.
México tiene con qué cocinar mejor. Reclutar 21,170 elementos costó 17,500 millones de pesos; es decir, sabemos cuánto vale formar un guardia. Usemos esa métrica para formar 5,000 verificadores laborales y 2,000 químicos forenses en 18 meses. Sería más barato que mantener 10,000 en el desierto y tendría efectos duraderos: menos fentanilo, más trabajo formal, más impuestos.
Cierre: dejar de dar atole, empezar a dar cuentas
La primera parte mostró que el chile de Washington cuesta decenas de miles de millones y encarece la comida. Esta segunda muestra que el atole de México cuesta cientos de millones de dólares al trimestre, desgasta a la Guardia Nacional y no resuelve ni migración ni fentanilo.
La alternativa no es rendirse ni pelearse; es cobrar por lo que hacemos y hacer lo que cobramos. Si México va a contener, que sea dentro de un acuerdo laboral con visas, retenciones fiscales compartidas y un fondo binacional para infraestructura fronteriza. Si vamos a subir aranceles, que sea a precursores, no a tornillos. Y si vamos a desplegar, que sea con inteligencia, no con fotos.
Dejar el atole con el dedo no es un gesto de debilidad; es de respeto al ciudadano. Porque al final, el elector no quiere ni chile que arda ni atole que engañe. Quiere un tamal bien hecho: que alimente, que cueste lo justo y que no se deshaga en la primera mordida.
Preguntas de Reflexión para el Lector
- Si reclutar un guardia cuesta ∼826,700 pesos, ¿cuántos inspectores de precursores podríamos formar con el presupuesto de un trimestre de despliegue fronterizo?
- ¿Está dispuesto México a condicionar la contención migratoria a un capítulo laboral vinculante dentro del TMEC, con visas y retenciones compartidas?
- ¿Qué prefiere usted: un arancel parejo del 35% a China que encarece la maquila, o un sistema de licencias a precursores financiado con una fracción de lo que hoy se gasta en detener migrantes en zonas militares?
¿Y usted, qué piensa?
Referencias Bibliográficas
- Infobae. (2025, 3 de febrero). Despliegue de 10,000 guardias en la frontera y otros acuerdos entre México y EEUU para frenar aranceles. https://www.infobae.com/mexico/2025/02/03/despliegue-de-10000-guardias-en-la-frontera-y-otros-acuerdos-entre-mexico-y-eeuu-para-frenar-aranceles/
- La Jornada. (2025). Analizan diputados alza al presupuesto de la Guardia Nacional. https://www.jornada.com.mx
- La Jornada. (2019). Despliegue militar en la frontera de EU costará 200 mdd. https://www.jornada.com.mx
- Milenio. (2023). Guardia Nacional: destinarán más de 17 mil mdp para reclutar elementos. https://www.milenio.com
- Infobae. (2025). ¿Cuánto pagan en la Guardia Nacional? https://www.infobae.com
Alejandro García Galván
El Colegio de la Frontera Norte, Dirección General de Asuntos Académicos.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.
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