Agua, territorio y gobernanza: el desafío comunitario en Latinoamérica

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Opinión de Blanca García , Ximena Espejel de El Colegio de la Frontera Norte

jueves 25 de junio de 2026

Aunque América Latina cuenta con importantes recursos hídricos, esa abundancia no garantiza acceso equitativo del vital líquido. La ubicación de las fuentes, la infraestructura, la desigualdad económica y la capacidad institucional generan brechas entre zonas urbanas y rurales. En muchas localidades, el servicio no depende de grandes operadores, sino de sistemas sociales comunitarios que funcionan con pocos recursos y alta responsabilidad social. ¡Exploremos este tema en este espacio!

Por ejemplo, en algunos municipios del sureste mexicano, notoriamente en Chiapas, la gestión del agua se ha convertido en una urgencia pública prioritaria para el desarrollo local y el bienestar de las comunidades rurales. Un diagnóstico reciente sobre agua y saneamiento en comunidades rurales señala que los desafíos no se limitan a la disponibilidad del recurso, sino que involucran factores sociales, organizativos, institucionales, económicos y ambientales que condicionan su acceso y sostenibilidad. Entre ellos destacan las limitadas capacidades técnicas y financieras de los municipios, la falta de información para la toma de decisiones, las debilidades en los mecanismos de gobernanza y organización comunitaria, así como las crecientes presiones sobre las fuentes de abastecimiento derivadas de la deforestación, el cambio de uso de suelo y la contaminación de las microcuencas. Esto coloca a las Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento, conocidas como OCSAS, en el corazón de la discusión. Las OCSAS sostienen el acceso cotidiano al agua donde los sistemas públicos no alcanzan o llegan de forma insuficiente. Las OCSAS no sólo operan tuberías, bombas o tanques. También organizan reparaciones, cobran cuotas, resuelven conflictos, administran la escasez y sostienen acuerdos locales sobre el uso del recurso. Su trabajo revela que el agua no es sólo un asunto técnico, sino también social, político y ambiental. Aunque los municipios son responsables de prestar servicios de agua potable, drenaje, alcantarillado y tratamiento, en territorios rurales esa tarea suele compartirse de facto con las comunidades. Ahí surge una tensión central: los comités sostienen servicios esenciales, pero con frecuencia carecen de apoyo técnico, financiero y legal suficiente. Fortalecer a las OCSAS implica reconocer su aporte a la salud pública, la economía local y la adaptación climática. Sobre todo, la gobernanza cooperativa aparece como una ruta posible. Los municipios tienen obligaciones legales; las comunidades poseen conocimiento territorial y experiencia operativa; y las instituciones académicas pueden aportar evidencia, metodologías y diagnóstico. Articular esas capacidades sin desplazar la participación comunitaria es clave para que el derecho al agua se materialice.

Y en medio de esta problemática, desde Monterrey, una ciudad marcada por episodios recientes de estrés hídrico y crecimiento urbano acelerado, las preguntas abiertas por este diagnóstico resultan pertinentes. ¿Cómo construir una cultura pública del agua que no dependa sólo de la emergencia? ¿Qué aprendizajes pueden tomarse de las comunidades de Suchiapa y Chiapa de Corzo, que nos recuerda que las soluciones no siempre empiezan con grandes infraestructuras? A veces comienzan con un comité que se reúne, una red que se repara, una fuente que se protege o una autoridad que decide escuchar.

Ximena Espejel y Blanca C. García 
El Colegio de la Frontera Norte, Unidad Monterrey.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de quien las emite y no reflejan necesariamente una postura institucional de El Colegio de la Frontera Norte.


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