La Dra. Ester Espinoza Reyes, postdoctorante en la Unidad de Género de El Colegio de la Frontera Norte, analizó el caso del feminicidio de Carolina Flores como una expresión de las violencias estructurales que atraviesan la vida de las mujeres, incluso dentro de los espacios considerados tradicionalmente como seguros, como el hogar.
En su reflexión, la especialista señaló que el asesinato de Carolina, joven madre originaria de Ensenada, Baja California, pone en evidencia dinámicas de violencia que no responden únicamente a conflictos individuales, sino a estructuras culturales profundamente arraigadas. De acuerdo con la información disponible, la agresión habría sido premeditada: la responsable, identificada como Erika Herrera, habría viajado durante dos días hasta la Ciudad de México con el arma, para posteriormente atacar a la víctima en su propio domicilio.
La investigadora destacó que este caso obliga a problematizar las llamadas “maternidades tóxicas”, entendidas no desde el vínculo afectivo, sino desde una lógica de posesión. Explicó que, históricamente, a muchas mujeres se les ha enseñado a construir su identidad en función de su rol como madres y cuidadoras, lo que puede derivar en formas de dependencia emocional y en relaciones marcadas por el control. En este contexto, algunas figuras maternas desarrollan vínculos posesivos con sus hijos, percibiendo a las parejas de estos como amenazas o rivales.
Para contextualizar estas dinámicas, Espinoza Reyes retomó datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016, que evidencian la persistencia de mandatos de género: un porcentaje significativo de mujeres considera que el trabajo fuera del hogar implica descuido de las hijas e hijos, y que la responsabilidad del cuidado recae principalmente en ellas. Estos imaginarios, subrayó, refuerzan la idea de la maternidad como obligación moral y como eje central del valor social femenino.
Asimismo, advirtió que en América Latina persiste una idealización de la figura materna que dificulta cuestionar estas prácticas. En ese sentido, se configura lo que describió como una “triada tóxica” entre madre, hijo y pareja, donde la nuera es desplazada simbólicamente y percibida como competidora afectiva.
Finalmente, la especialista vinculó estas dinámicas con representaciones literarias como la novela Un traje rojo para un duelo de Elena Garro, en la que se retratan relaciones familiares atravesadas por el control, los celos y la violencia dentro del espacio doméstico, evidenciando cómo el hogar puede convertirse en un ámbito de opresión más que de resguardo.
El análisis subraya la necesidad de abordar el feminicidio no solo como un hecho aislado, sino como parte de un entramado de desigualdades y construcciones culturales que requieren ser visibilizadas y transformadas. La intervención completa de la Dra. Espinoza se encuentra disponible a través de: https://youtu.be/PmBGdNSb7WI
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