Violencia en el noviazgo

La violencia en el noviazgo se ha colocado como tema de discusión  permanente, principalmente en redes sociales donde se señalan a personas que incurrieron en actos de violencia hacia la pareja. Los hombres no están exentos de ser víctimas durante un noviazgo, sin embargo las estadísticas y datos en México muestran un porcentaje mayor de mujeres violentadas.

En esta edición de El Correo Fronterizo se aborda el tema de relaciones de noviazgo en parejas jóvenes y la educación sexual con enfoque de género como una medida de prevención, a través del trabajo de Teresa Fernández de Juan en colaboración con Alejandra González y Humberto González. 

LO CONTRARIO AL AMOR

La violencia en las relaciones de noviazgo entre los jóvenes presenta manifestaciones crecientes a escala internacional y nacional, al igual que ocurre con el aumento de las enfermedades de transmisión sexual, el VIH/sida y el embarazo adolescente (Fernández, 2014). En el caso de México, un cuestionario realizado entre Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), mostró que en lo referente a víctimas de violencia física el 61.4% eran mujeres (2007).

Aunado a lo anterior, la violencia hacia las mujeres puede terminar en la muerte. Teresa Fernández expone que “el 25% de las mujeres asesinadas por su pareja son novias  entre los 14 y 25 años de edad que creyeron en el amor romántico y no velaron lo suficiente por su seguridad (Velázquez, 2011)”. Menciona además que los diferentes tipos de violencia, así como los feminicidios, pudieron haberse evitado si existiera un apoyo por parte de las instituciones y la familia, pero que en ocasiones son las mismas jóvenes las que no dan a conocer su situación porque han normalizado la violencia por parte de su pareja que lo conciben como algo natural.

También, otra manifestación de violencia es la psicológica la cual impacta en diferentes aristas de la vida; muchas novias han llegado a cambiar su comportamiento, su forma de vestir e incluso su contacto con amigos, familiares y compañeros de escuela, con tal de evitar que su pareja se moleste (Vázquez, Grajeda y Domínguez, 2012). 

Un hecho interesante basado en Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada en 2011, muestra que el 26.72% de mujeres entre los 15 a 24 años sufrieron violencia emocional;  desciende casi un punto porcentual entre los 25 a 34 años. Sin embargo, de los 45 a 54 se ubica en 14.62% y de 55 o más años el porcentaje es menor al 11%. Lamentablemente la violencia emocional se elimina, pero es visible que a mayor edad empieza a disminuir el padecimiento de violencia hacia las mujeres por parte de su pareja (Fernández, 2014). 

En 2010, con una muestra de cuatro mil habitantes de Baja California entre los 18 y 29 años de edad, se encontró que una parte significativa de los encuestados habían crecido en ambientes de violencia familiar y que era “normal” repetir patrones violentos con la pareja. Entre las causas que desencadenaron la violencia hacia la mujer se encuentran: celos (37.8%), alcohol (31.5%), no acceder a tener relaciones sexuales (8.8%), cuestiones de dinero (8.1%), entre otras (González y Fernández, 2010). 

LA EDUCACIÓN SEXUAL Y DE GÉNERO

Ante un acto de violencia es importante denunciar y que se garantice el acceso a la justicia, sin embargo, más importante es que este tipo de actos ya no ocurran. La principal estrategia para la prevención de conductas de riesgo está íntimamente relacionada con la implementación de una eficiente, desprejuiciada y oportuna educación sexual y con una perspectiva de género (Fernández, 2014). 

Es innegable, se puede constatar a través de los trabajos realizados por Teresa Fernández de Juan, que los hombres no están exentos de ser víctimas de la violencia por parte de una pareja, un 46% de los encuestados resultó victimizado (IMJUVE y SEP, 2007). Sin embargo, el porcentaje de mujeres violentadas es mayor, en esta línea, Teresa Fernández (2014) señala que es importante que la categoría de género se entienda dentro de un plano de relación, donde la sociedad le otorgue igual valor, libertades, derechos y derechos a uno y a otro. 

En lo que respecta a la educación sexual y la sexualidad humana, estos conceptos van más allá de los genitales y de métodos anticonceptivos; se debe incluir aspectos somáticos, emocionales, intelectuales, sociales y culturales del ser sexual (Fernández, 2014). Es prioritario que a las y los jóvenes se les brinde información sobre sentir y expresar afecto, mantener relaciones sexuales y otras manifestaciones, sin que se pongan en riesgo de sufrir violencia física y emocional.

Ante la realidad, es necesario que se brinden herramientas para reconocer elementos de la violencia en el noviazgo, también es importante no confundir acoso con intereses románticos y saber identificar chantajes emocionales; estos y otros elementos brindarán una oportunidad de romper con el círculo de violencia que muchas veces se origina desde los hogares, para contrarrestar las escuelas deben proporcionar información al estudiantado y   las instituciones deben involucrarse en el objetivo de eliminar la violencia en la pareja y hacia la mujer.

REFERENCIAS: