Una historia mexicana y sus jóvenes. El escenario de aflicción y trasfondo

A inicios de 2019, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó que en el país hay 30.6 millones de personas jóvenes, que van desde los 15 hasta los 29 años. En total, representan 25.7% de la población. 50.9% son mujeres y 49.1% son hombres. Ante este escenario y con una representación de un cuarto del total es necesario plantearse interrogantes como ¿cuál es su estructura familiar? ¿a qué se dedican? Y ¿cuál es su escenario para el futuro?

La composición de las familias en México ha cambiado. En 1980 un hogar promedio estaba compuesto por alrededor de seis integrantes, en el 2000 se redujo a cuatro y para el 2014 esto se redujo a 3.8 integrantes. De acuerdo con Escobar, las familias se han hecho más pequeñas porque hay menos niños. Por otro lado, la esperanza de vida en México dejó de mejorar a partir de 2007. Los dos principales factores son: El aumento en las enfermedades crónico degenerativas y el aumento de la violencia. En nuestro país, en términos porcentuales, los más afectados son los jóvenes, lo que significa un cambio en las expectativas de cantidad y calidad de vida. 

El especialista puntualizó en que la principal causa de muerte entre niños de 10 a 14 años en México durante la última década es el homicidio. El 36% de quienes murieron violentamente entre 2008 y 2017 eran jóvenes. De los sentenciados por homicidio, el 37% son jóvenes de entre 18 y 29 años de edad. Y el feminicidio, en particular el de las jóvenes, se ha incrementado alrededor de 40% en la última década.

Sin embargo, estos dos factores (enfermedad y violencia) no solo impactan en la composición de las unidades familiares, sino que se transfieren al terreno de lo laboral, particularmente a lo que se conoce como “ninis” 

Durante su presentación, el especialista se pronunció respecto a jóvenes que ni trabajan ni estudian, ninis. Comentó que han ido en aumento, y que es un sector de la población compuesto mayoritariamente por mujeres.

En el año 2000 se contabilizaron poco menos de 300 mil hombres jóvenes “ninis”, pero esta cifra ascendió a más de un millón de hombres para 2014. Por su parte, respecto a las mujeres jóvenes “ninis” la cifra pasó de tres millones a poco menos de cuatro millones, durante los mismos periodos de tiempo.

Si bien el aumento más significativo corresponde a los hombres jóvenes, los datos muestran que son las mujeres las que, con el paso de los años, han mantenido un mayor porcentaje en este sector de jóvenes que ni trabajan ni estudian. De acuerdo al Dr. Escobar, y contrario a lo que podría creerse, la situación que orilla a las mujeres a ser “ninis” se debe principalmente a dos factores: violencia y enfermedades crónico degenerativas.

“Lo que sucede es que estas enfermedades (crónico degenerativas) están discapacitando a millones de mexicanos, quienes a su vez ocupan de cuidados y, generalmente, mujeres jóvenes las que se ocupan de esta labor”.

Por otro lado, con la expansión de las redes criminales y la impunidad se vuelve necesario defender las posesiones. Cada vez más importante que una persona esté en casa, entonces este es otro factor que conspira en el aumento de las “ninis”; alguien tiene que estar físicamente y cuidar, son las mujeres jóvenes las que fungen como guardianas de la vivienda. De acuerdo con el especialista, estos son los factores que conspiran para que las mujeres no están disponibles de inmediato para trabajar; es un golpe directo al ingreso económico de los hogares. 

Sin embargo, el trabajo no es la única forma en la que las y los jóvenes buscan mejorar su condición de vida. Un alto porcentaje, 44.5% en 2014, encuentran en el estudio una posibilidad para la movilidad social. 

Empero, de acuerdo a la presentación, en México ha aumentado la escolaridad de manera significativa. Sin embargo, en los últimos años el aumento es más lento. La mayor parte de los jóvenes de bajos ingresos abandonaron sus estudios. Normalmente esto sucede en bachillerato, aunque hay casos más tempranos. El abandono no se produce por inexistencia de escuelas o ausentismo de maestros, sino por problemas económicos o domésticos. Los jóvenes tuvieron que abandonar sus estudios para reducir gastos del hogar, para generar ingresos, o para cuidar a su padre o madre enfermo o a sus hermanos. O bien no conocen los sistemas de becas, o bien no han podido obtener acceso a ellas. Estudios especializados muestran que el sistema mexicano de becas, especialmente a nivel de bachillerato y universidad, es absolutamente regresivo (CONEVAL 2018ª, 2018b).

Aunado a lo anterior, “ha habido un deterioro de los ingresos laborales, particular visible entre los graduados de bachillerato o con estudios profesionales. Esto en algún momento va a incidir o está incidiendo en que los jóvenes dejen de tener interés en la educación superior, si vamos a tener una política de educación universal (lo cual siempre es positivo), hay que tener mucho cuidado en que las ocupaciones correspondientes se expandan y pague bien. Que le digan a la persona porque hay que hacer ese esfuerzo”.

En el apartado final el Dr. Escobar reflexionó que “la juventud siempre ha sido una etapa de ambiciones, y consecuentemente de frustraciones. El manejo de la frustración es necesario para convertirse en adulto. Pero en esta generación de jóvenes la frustración se convierte en una enfermedad – la aflicción – que impide planear, organizar y completar proyectos. Básicamente, la violencia, los malos empleos y las labores de cuidado se refuerzan mutuamente hasta convencer a los jóvenes de que no hay salida. La combinación de responsabilidades difícilmente compatibles (proveedor económico y cuidador, por ejemplo) también cuenta”. 

Es necesario crear políticas públicas y fortalecer las existentes para que brinden soluciones a los escenarios complejos a los cuales se tienen que enfrentar las y los jóvenes en su vida diaria. Pero, tal y como lo explicó el Dr., es necesario que las y los jóvenes se acerquen a otros jóvenes, para compartir experiencias de cambio y ver que es posible mejorar.

“Tienes que empezar a oír que tus compañeros consiguen empleo, que sus uniones son más estables, que sus hijos están bien, que no están afectados tanto por la violencia. De esta manera la aflicción puede reducirse”.