La frontera como constructo

Durante la jornada internacional “Recibir las migraciones en México. Políticas, imaginarios, transformaciones del espacio receptor” organizada por el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, la Dra. Dolores París Pombo, Investigadora del Departamento de Estudios Culturales de El Colef, expresó que “La frontera debe ser entendida como un constructo cultural, político y social. Actualmente se le entiende y considera en un contexto de guerra”. Una frase breve con un significado profundo.

En esta edición de El Correo Fronterizo, platicamos con la Dra. París Pombo sobre el trasfondo de esa afirmación  y el análisis de los discursos que han llevado entender a las fronteras como un punto de tensión entre países.

 

El Correo Fronterizo: «La frontera debe ser entendida como un constructo cultural, político y social. Actualmente se le entiende y considera en un contexto de guerra» ¿podría explicarnos el contexto que acompaña esta frase?

Dra. Dolores París: Esta frase surge de un capítulo que escribí en un handbook, The Migration crisis, sobre crisis migratoria y la violencia en la frontera México- Estados Unidos. Empecé este capítulo hablando del sur de Estados Unidos. El discurso sobre la guerra que se escucha en el suroeste.

Esta idea, de que la frontera es un constructo, la propuso hace mucho tiempo un colega, Néstor Rodríguez, él decía cómo distintos actores, en distintos contextos, producen una idea de la frontera, muchas veces desde el centro del país, sin conocer en realidad la frontera y su realidad. Si lo vemos en la actualidad, pues es todavía muchísimo más claro. Toda la idea que promueve Trump, desde Washington, sobre la frontera, tiene muy poco que ver con la frontera real, concreta, que experimentamos la gente que vivimos cotidianamente en la frontera.

 

El Correo Fronterizo: ¿La frontera sur de México, cómo se encuentra?

Dra. Dolores París: Hay una frase que se decía mucho en los ochentas y que la he vuelto a oír recientemente en los medios, conocidos y, por supuesto,  políticos, pero también en personas que nunca han viajado a la frontera de México con Guatemala: “Hay que sellar la frontera”.

Esta imagen, que parece tan simple, y que es tan “evidente” para todo el mundo, en realidad es completamente absurda. Una frontera que tiene cientos de kilómetros en medio de la selva; que está marcada por un río; que además tiene familias que viven de un lado y de otro, donde continuamente miles y miles de personas cruzan por cientos de puntos que no son oficiales. Pensar en la palabra “sellar”, ¿qué quiere decir en este contexto?

Entonces uno, para pensar en sellar, se imagina una línea con agujeritos por donde se cuela el agua. Se los digo porque, en realidad el discurso político migratorio ha sido en gran parte, desgraciadamente, un espejo del discurso en Estados Unidos. Esta idea de sellar la frontera, obviamente viene del discurso de Trump. Pero se va generalizando, entonces el pensar: “vamos a poner un muro, y con eso ya no pasa nada”, es una idea que proviene de alguien que no sabe lo que es, ni la historia, ni la vivencia concreta y cotidiana de la frontera.

 

El Correo Fronterizo: Usted comentaba que hay gente que emite discursos políticos sobre las fronteras sin conocerlas, popularmente estos discursos promueven una imagen que se integra al imaginario de la población, en este sentido ¿cuál es el origen del constructo de la frontera entre México y Estados Unidos como un escenario de guerra?

Dra. Dolores París:  La idea de la guerra surge originalmente contra las drogas. Esto fue en los años ochenta, casi al finalizar la guerra fría. Entonces Reagan construye un nuevo enemigo, no era el inmigrante en la época, eran las drogas.

De esta forma Reagan empezó a hablar del tráfico de migrantes, y empezó a volverse un tema fuerte de presión hacia México; se mezcló el tema de las drogas con el tema de inmigración. Después del 2001 se mezcló el tema de las drogas, el tema de la inmigración y el tema del terrorismo. Desde entonces la guerra se volvió una guerra contra nociones abstractas. Lo que está haciendo Trump, es transformar esa guerra, pero él tiene un problema con el pensamiento abstracto, quiere incorporar o transformar al mexicano en la representación de todo lo anterior, para tener un enemigo concreto. Un pueblo concreto. Entonces el mexicano es la encarnación de las drogas, y de todas las amenazas contra su seguridad nacional.

 

El Correo Fronterizo: Pero este tipo de pensamiento ¿se construye a través de políticos o figuras políticas, o a través de ideales o identidades culturales o sociales arraigadas de antaño en la población?

Dra. Dolores París: El tema de la guerra en la frontera y del enemigo que amenaza la seguridad nacional, viene de tiempo atrás, sin embargo, hasta qué punto un discurso oculto, como el franco racismo, el nativismo y todo esto, puede volverse repentinamente un discurso público, e incluso un discurso hegemónico y aceptado. Se tolera mientras no se exprese en los medios hegemónicos. Pero si llega una persona como Trump, entonces ya está permitido y legitimado.

Pensemos desde Tijuana ¿Cuándo nos hubiéramos imaginado manifestaciones racistas en Tijuana? Y bastó con que tuviéramos a este señor, de presidente municipal, y que reprodujera en chiquito el discurso de Trump, para que se levantaran en Tijuana mismo los ánimos: los ánimos racistas, antiinmigrantes, homófobos, xenófobos, e hicieran plenamente aparición y su plena expresión.

 

El Correo Fronterizo: Parte del discurso político se materializa cuando se crean leyes, en el caso de las leyes migratorias ¿Podríamos decir que estas crean una invisibilización del referente real de los migrantes que cruzan?

Dra. Dolores París: Efectivamente. Esta construcción choca cuando ves las imágenes reales de las y los niños, por ejemplo, separados de sus padres, y encerrados en una jaula. Es que la gran mayoría de las personas que cruzan son familias, con menores y a veces en condiciones de una gran gran vulnerabilidad. Entonces, transformarlas en una amenaza de “Bad hombre”, como dice Trump choca totalmente. Pero tampoco importa mucho, pues tiene más fuerza el imaginario que la situación concreta.

 

El Correo Fronterizo: Por último, le preguntaría ¿Cuál es el escenario en el que se encuentran las resistencias tanto en México como en Estados Unidos?

Dra. Dolores París: Digamos que ese es el problema, qué tanto se pueden crear resistencias, y desde dónde se pueden crear. Es decir ¿qué pesa más, el discurso del p

residente de los Estados Unidos o los contradiscursos?

Es difícil, es decir, el problema de la inmigración, y del migrante en general, es justamente que se sitúa en una relación de poder, en la que está dominado tanto desde el punto de vista político, social, cultural. Es muy difícil que tenga representación, sobre todo en un país como México, donde no hay grupos de inmigrantes muy grandes, donde no hay una inmigración tradicional. Tenemos muy poquita inmigración en México. Grandes organizaciones de inmigrantes, como las hay en Estados Unidos, no hay. No hay grupos de presión.

Sí existe una sociedad civil organizada. Hay sectores grandes de la iglesia católica, y de otras iglesias protestantes también, pero aun así la resistencia no ha sido suficiente en México; no se ha logrado el impacto suficiente.