Cuidemos y rescatemos a nuestros jóvenes, por el futuro de México
Cirila Quintero Ramírez
2 de febrero 2010

Escribo esta nota después de leer tres noticias en donde los jóvenes son los actores principales; las tres se caracterizan por lo preocupante de su situación. Una apareció en La Jornada hace algunos días y se refiere a la existencia en México de 7 millones de ninis: jóvenes desesperanzados de su futuro que ni estudian, ni trabajan, ni nada. Lo anterior resulta descorazonador para el país.

Por mucho tiempo la juventud ha sido depositaria de los sueños y las esperanzas de un mundo mejor. Por un México mejor los jóvenes de nuestro país han participado por varias décadas en movimientos sociales, plantones, marchas, repartiendo propaganda, asistiendo a reuniones y participando abiertamente en actos formales e informales que buscan terminar con la injusticia, con el autoritarismo que ha existido y existe aún en nuestro país. A la juventud se le ha relacionado por mucho tiempo con la rebeldía y por lo mismo se le ha castigado, a veces de manera cruel como en el caso del 68. A pesar de las represiones, los jóvenes siguieron manifestándose. Sin embargo, tal actitud ha cambiado desde hace algunos años.

Mi contacto con jóvenes adolescentes, a quienes enseño a investigar, desde finales de los noventa, me muestra que están cada vez menos interesados en lo que pasa en su país y su mundo: se circunscriben a la información que transmiten los medios de comunicación o bien a lo encontrado en la Internet, a la que tienen acceso sin control o supervisión alguna. Las causas de su comportamiento pueden ser muchas pero parece que hay una relación muy estrecha con el descuido en el que hemos incurrido como padres, maestros, sociedad y gobernantes de estos jóvenes. La necesidad de las madres o ambos cónyuges por trabajar para obtener el sustento diario, la ausencia de un plan integral de educación que, además, atienda a todos los jóvenes, así como la carencia de instituciones que se encarguen del cuidado de ellos mientras los padres trabajan, ha conducido a que miles de jóvenes hayan crecido solos, o bien, en compañía de adolescentes en la misma situación de soledad.

Otra nota se relaciona con el tipo de convivencia que se está registrando entre los jóvenes. Se refiere al hallazgo de una jovencita de 14 años que llegó a un hospital público de una ciudad fronteriza en total estado de intoxicación por alcohol y drogas. La joven convivía con una decena de jóvenes de su misma edad, en la casa de uno de ellos, sin la vigilancia de ningún adulto. Este tipo de convivencias no era la primera que tenían estos jóvenes y, sin duda, tampoco han de ser los únicos jóvenes que se reúnen de esta manera, no sólo en esa ciudad fronteriza sino en cualquier parte de nuestro país. Esta carencia de cuidado, primero de los padres, ciertamente, pero también del Estado que debería ser su protector, es el caldo de cultivo no sólo para la inserción de los jóvenes en un mundo de adicciones, –atrás quedó la época en que se decía que México era sólo productor y no un consumidor de drogas– sino también para fomentar la delincuencia, dado que su vulnerabilidad o la ausencia de claridad en sus pensamientos, los convierte en sujetos propicios para ser enrolados en situaciones fuera de la ley.

La inserción de jóvenes en actividades criminales les da una esperanza de vida muy corta. Atraídos por la idea falsa de ganar dinero fácil, dado que no se les ha enseñado, ni forjado, una idea clara del trabajo y la responsabilidad social, por ejemplo, no miden los enormes peligros a los que se enfrentaran al participar en estas actividades delincuenciales, en donde su vida está en peligro a cada minuto. Si uno revisa los últimos actos violentos de que dan cuenta los diarios internacionales, nacionales y locales, veremos que la mayor parte de individuos muertos han sido jóvenes. A estos jóvenes muertos por la delincuencia habría que agregar los que perecen en centros de diversión sin medidas de seguridad alguna, o atacados en fiestas familiares o de amigos, es decir, los cientos de jóvenes que han muerto a causa de la inseguridad y violencia que sacude a nuestro país.

La situación es por demás preocupante, urge proteger a los jóvenes mexicanos, rescatarlos del mundo en el que están viviendo, parte importante de este cuidado y protección corresponde a los padres, maestros y sociedad en general, pero otra parte muy importante le corresponde a los gobernantes y las instituciones encargadas de su cuidado, resulta fundamental e impostergable que éstas se aboquen al trabajo que tienen encomendado y por el cual se les paga. Cuando varias instituciones educativas o gubernamentales reconocen que no tienen programas para los jóvenes, y ante la interrogante por la existencia de millones de ninis, la preocupación por los jóvenes se acentúa. Urge que se revierta el descuido que ha existido durante varias décadas por los jóvenes, la sociedad debe exigir a los gobernantes e instituciones que los cuiden y protejan no sólo por ser un grupo social fundamental sino porque constituyen el futuro del país.

La Dra. Cirila Quintero Ramírez es investigadora de la Sede Regional Noreste de El Colef en Matamoros, Tamaulipas. cquintero@riogrande.net.mx